Paso de migrantes y tráfico de personas en Libia y sus lecciones para Europa

La Unión Europea debe aplicar las lecciones aprendidas de la experiencia libia en cuestión de migraciones a su propia crisis migratoria y de refugiados

ECFR Alumni · Senior Policy Fellow
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De cara a la cumbre UE-África sobre migraciones en La Valettadel (11 y 12 de Noviembre) , y el Consejo de la UE sobre el mismo tema, ECFR publica un nuevo informe en donde analiza las lecciones del caso libio a tener en cuenta por los políticos europeos.

“Libya's migrant-smuggling highway: Lessons for Europe”, realizado por el investigador de ECFR Mattia Toaldo, explora las lecciones aprendidas de la experiencia de Libia con la migración y la forma en que se pueden aplicar a la actual crisis migratoria de Europa.Toaldo señala que, si bien la ruta migratoria del Mediterráneo oriental, a través de Turquía y los Balcanes, ha sobrepasado a dicho país en cuanto a la intensidad de los flujos en el verano de 2015, los números de migrantes procedentes de Libia se han mantenido ciertamente altos.

En este sentido, Toaldo resalta 4 puntos clave:

  • La necesidad de canales legales que lleguen a Europa– Las migraciones a través de Libia demuestran cómo supuestamente unas “fronteras cerradas” ayudan a alimentar el tráfico de personas. Ahora, sería políticamente poco realista para la mayoría de los Estados miembros de la UE el simplemente abrir sus fronteras a todos aquellos interesados en venir. Sin embargo, la UE puede probar formas de apertura limitadas con el objetivo de salvar vidas y garantizar la protección de los refugiados, al tiempo que se priva de ingresos a los traficantes.
  • Los centros de acogida y puntos calientes– Los centros de acogida o puntos calientes están diseñados para simplificar y mejorar la identificación de los migrantes, así como asegurar la protección de los solicitantes de asilo. Sin embargo, con el actual clima político en Europa, existe el riesgo de que éstos se conviertan en centros de retorno “en caliente”, e incluso surgen preocupaciones más graves en relación con los puntos calientes en aquellos países con un historial de violaciones de derechos humanos.
  • Precaución en los acuerdos de readmisión– Devolver a inmigrantes ilegales a sus países de origen se ha convertido en una prioridad en la gestión de la crisis por parte de los paises europeos. Pero, en ausencia de vías legales razonables en asuntos de migración, esto genera serias preocupaciones: en términos de violaciones de derechos humanos, y la creación de incentivos perversos para que las autoridades mantengan alto el número de intentos de migraciones para poder seguir recibiendo subvenciones.
  • Reto para los aliados regionales–  Las crisis del Mediterráneo (principalmente en Siria y Libia) han visto cómo aliados occidentales en toda la región de Oriente Medio y Norte de África juegan un papel en la escalada de esos conflictos o en el bloqueo de los procesos de paz. El comercio y los lazos políticos con estos aliados siempre han sido más importantes que cuestionar su comportamiento en la región, pero ahora, a la luz de la crisis de refugiados, tal vez sea hora de revisar ese cálculo de costes y beneficios.

En cuanto a la mejora de la situación en Libia, Toaldo recomienda:

  • Trabajar con los libios en un modelo económico diferente para las comunidades fronterizas– La UE y sus Estados miembros deberían apoyar la separación del comercio ilegal de productos legales -petróleo, tabaco o productos subvencionados tales como el trigo y la harina-, de los negociosque promueven el tráfico de personas y contrabando de productos ilegales como estupefacientes y armas en las comunidades fronterizas.
  • Colaborar con las comunidades y autoridades locales– En muchas partes de Libia, las autoridades locales son las únicas instituciones que funcionan, motivo por el cual la UE debría mantener un diálogo político con los municipios sobre asistencia en la creación de capacidades, así como aunar esfuerzos contra el tráfico de personas, incluso sin un acuerdo nacional.
  • Colaborar con las instituciones del Estado, incluso en Trípoli– Desde la partición de facto de Libia en el verano de 2014, la UE y sus Estados Miembros han adoptado una estricta política de no colaboración con Trípoli, lo cual excluye la posibilidad de mantener fuertes relaciones con los funcionarios que intervienen en el control de la inmigración, los visados, el control de fronteras; o con el Ministerio del Interior.
  • Aumentar la vigilancia y presencia internacional para proteger los derechos humanos– En ausencia de un acuerdo para la formación de un Gobierno de unidad nacional con sede en Trípoli, la UE y sus Estados Miembros deben apoyar a las organizaciones internacionales y grupos de libios que están trabajando para monitorear las posibles violaciones de derechos humanos sobre el terreno.
  • Participar en una mediación intensiva para apoyar la desescalada Tebu-Tuareg – Los enfrentamientos entre los Tebu y las minorías Tuareg en el sur de Libia son un factor fundamental que incrementa los flujos migratorios de esa región, y la UE debería ofrecer tanto mediación como mecanismos de supervisión, con un particular énfasis en las fronteras y el contrabando.
  • Acompañar las estrategias políticas y económicas con una estrategia integral que refuerce la aplicación de la ley– Libia y sus partidarios extranjeros no pueden rehuir la realización de un esfuerzo integral para hacer cumplir la ley destinada a luchar contra los traficantes de migrantes, y Europa debería, a petición de las autoridades libias, implementar mecanismos de vigilancia y cumplimiento de la ley para apoyarlas.
  • Apoyar el diálogo nacional libio, pero sin ilusiones– La UE estaba en lo cierto al apoyar el diálogo político liderado por la ONU, pero un acuerdo parece lejos de ser alcanzado. Europa también debería preparar planes de contingencia para enfrentar la crisis migratoria en Libia, en ausencia de un acuerdo.

También disponibles en inglés el pdf del informe original, y el artículo de Mattia Toaldo sobre la publicación.