Terrorismo en el extranjero: la evolución de la estrategia antiterrorista de China

Mientras que el enfoque tradicional de China sobre el terrorismo internacional se forjó en torno a críticas a la respuesta excesivamente militarizada de Estados

ECFR Alumni · Deputy Director, Asia and China Programme
Senior Policy Fellow
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Aumentando el potencial de las intervenciones militares antiterroristas de China

Mientras que el enfoque tradicional de China sobre el terrorismo internacional se forjó en torno a críticas a la respuesta excesivamente militarizada de Estados Unidos, Pekín se está embarcando ahora en una marcada militarización de su propia estrategia antiterrorista en el extranjero. Esta tendencia aumenta la posibilidad de un futuro programa global chino de intervenciones militares antiterroristas, según un nuevo informe del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR en sus siglas en ingles).

Esta tendencia se ha visto impulsada por dos factores, el primero de los cuales es el aumento de la exposición de China al terrorismo en el extranjero debido al crecimiento de su presencia internacional. 128 millones de chinos viajaron al extranjero en 2015, en comparación con los sólo 280.000 en 1982. Muchos ciudadanos chinos viven también en países que, con frecuencia, son el objetivo de ataques terroristas: hay 3.000 ciudadanos chinos en Mali, 65.000 en Nigeria y más de 10.000 tanto en Irak como en Pakistán. Casi 4.000 empresas chinas están registradas en el llamado “arco de inestabilidad” – la región geográfica que se extiende desde Afganistán y Pakistán hasta la zona del Sahel.

En segundo lugar, la tensión y la violencia en Xinjiang ha atraído la atención de varios grupos terroristas islamistas. En el primer mensaje del llamado Califa del Estado Islámico (también conocido como Daesh), Abu Bakr Al-Baghdadi, nombraba a China entre los países en los que “los derechos de los musulmanes habían sido tomados por la fuerza” y pedía a los soldados de Daesh “que se vengaran”.

En respuesta, China ha aprobado su primera ley antiterrorista, que entró en vigor en enero de 2016. Se afirma que: “las fuerzas del Ejército de Liberación Popular de China (PLA) y de la Policía Armada Popular de China (PLAP) pueden asignar a las personas a abandonar el país en misiones de lucha contra el terrorismo, aprobadas por la comisión militar central“.

El autor del informe de ECFR, Mathieu Duchâtel, afirmó que,

Este lenguaje deliberadamente confuso podría ser un cambio de juego de China en el uso de su poder militar en el extranjero. 'Asignar personas' podría significar cualquier cosa, desde el envío de individuos en las misiones diplomáticas de investigación hasta el despliegue de considerables unidades militares en el extranjero “.

De hecho, China parece estar desarrollando las capacidades para esto último, con el PLA sometiéndose a un programa de modernización integral. La Marina del PLA está patrullando de forma permanente el Golfo de Adén en misiones contra la piratería y pronto se beneficiará de servicios logísticos permanentes en Djibouti. Y la Fuerza Aérea del PLA recibió en junio de 2016 el primero de su nuevos Y-20, unos aviones de transporte militar pesado, aumentando considerablemente la capacidad del PLA para organizar expediciones lejos de las costas de China.

La industria de las armas chinas también tiene un importante programa de producción de drones, incluyendo vehículos aéreos no tripulados (UAVs) con la capacidad de llevar a cabo ataques con precisión, el arma clave de Estados Unidos en la guerra contra el terrorismo. El Departamento de Defensa de Estados Unidos estima que en 2023 el PLA tendrá miles de drones, incluidos los desplegados para las operaciones de lucha contra el terrorismo.

Al mismo tiempo, los tradicionales frenos sobre la participación de China en los asuntos de seguridad internacional – el principio de no interferencia, la práctica de la cautela a nivel internacional, la doctrina de Deng Xiaoping para evitar “tomar la iniciativa” (决不 当头) – se han debilitado bajo Xi Jinping, que apoya una mayor participación internacional y tiende a ver el poder militar como un instrumento de política exterior.

Sin embargo, China no va a cruzar fácilmente el gran umbral que separa el uso de la fuerza militar en operaciones no bélicas – como evacuaciones, patrullas de protección, mantenimiento de la paz, asistencia humanitaria y operaciones de socorro – y unirse a una coalición multinacional que golpee a la organización terrorista en el extranjero. Sin embargo, la tendencia de militarización de China en la estrategia antiterrorista es clarísima y tiene la posibilidad de acelerarse si los ciudadanos chinos son víctimas de nuevos ataques. A su vez, estas prácticas en constante evolución desde China pueden entrañar nuevos riesgos para los ciudadanos chinos en el extranjero.