Turquía, Rusia y el final de una alianza improbable

La amistad entre Rusia y Turquía se ha desestabilizado, con importantes consecuencias en Europa

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La creciente amistad entre Rusia y Turquía en los últimos años era un problema para Europa. Pero su reciente desencuentro (tras derribar Turquía un jet ruso sobre Siria en noviembre de 2015) lo es incluso más.

Ambos países se acercaron en las últimas décadas gracias a un tipo de liderazgo parecido y a lazos económicos cada vez más estrechos, amenazando con crear un eje antioccidental en plena frontera de Europa. Pero, según el nuevo informe de ECFR, el derribo del jet ruso ha provocado una confrontación que podría desembocar en una guerra indirecta en Siria, en detrimento de los esfuerzos europeos por lidiar con la crisis de refugiados.

La publicación de ECFR “With friends like these: Turkey, Russia, and the end of an unlikely alliance”, que escribe la investigadora Asli Aydintasbas, argumenta que Europa no puede permitirse la intensificación de este conflicto. La guerra en Siria, la crisis de refugiados y la cuestión kurda están profundamente conectados. Y Turquía no es sólo miembro de la OTAN y candidato a la UE, sino un actor clave en las rutas de energía rusa hacia Europa.

La tensión comenzó a aumentar cuando ambos países se vieron absorbidos por el  conflicto regional en Siria, con Rusia apoyando a al-Assad y Turquía promoviendo un cambio de régimen. Conforme se desenvolvía la alianza, Moscú rompió el pacto de silencio según el cual ningún lado apoyaría a los separatistas del otro, y comenzó a acercarse a los kurdos. Por su parte, Ankara se escabulló de nuevo hacia Occidente y la OTAN.

Un choque total entre ambas potencias no entra dentro de los intereses de nadie. La posibilidad de una confrontación militar directa entre ambas potencias ha disminuido de momento, con las fuerzas turcas evitando el espacio aéreo sirio y Ankara moderando sus ambiciones de cambio de régimen. Aun así, la vuelta a la normalidad va a tardar.

Europa debería aprovechar esta oportunidad para redirigir a Turquía en la dirección correcta: de vuelta a la democracia y los valores europeos, en lugar del nacionalismo y el capitalismo del estilo ruso. El informe argumenta que Europa debería trabajar para devolver Turquía a su esfera, basándose en el acuerdo para la crisis refugiados y la liberalización de visados, y animar a Ankara a diversificar sus fuentes de energía.

Al mismo tiempo, Europa debería aumentar su papel en las conversaciones sobre Siria, ayudando a hacer menos conflictivas las acciones rusas y turcas en el país. Debería desarrollar su propia política kurda, facilitando las conversaciones entre las fuerzas turcas y las kurdas sirias, para reducir la tensión en Turquía y asegurar que Europa no está excluida de las maniobras que realizan Rusia y EEUU en la región.