La inversión de China en influencia: el futuro de la cooperación 16+1

El progreso desigual hacia la cooperación “16+1” frustra las ambiciones chinas

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El progreso desigual hacia la cooperación “16+1” frustra las ambiciones chinas. 

Cuatro años después del inicio del formato 16+1 para la cooperación económica entre China y los países de Europa central y del este, los resultados desiguales están llevando a frustraciones crecientes tanto en Beijing como en Europa, según un nuevo informe de ECFR.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El formato fue lanzado por China como parte de sus planes de conectar finalmente la totalidad del espacio del oeste y del este de la masa continental Euroasiática bajo su proyecto One Belt One Road (OBOR). Los países de Europa central y oriental están estratégicamente situados entre Europa Occidental y el Puerto del Pireo en Grecia, del que China es propietario en un 51% y encierra como tal un valor estratégico para Beijing como camino al lucrativo mercado de Europa Occidental. Pero sus mercados al alza también han adquirido valor por si mismos a la luz de la demanda deprimida desde Europa Occidental tras la crisis financiera de 2008.

El formato ha cosechado algunos éxitos: el comercio entre países de Europa central y oriental y China creció un 86% entre 2009 y 2014 y el año pasado alcanzó el objetivo de llegar a los 100 mil millones de dólares establecido en 2012. Aun así, este crecimiento ha sido severamente desequilibrado, con solo cinco países de los dieciséis – Polonia, República Checa, Hungría, Eslovaquia y Rumania– constituyendo el 80% de esos intercambios. Similarmente, la inversión china en la región se incrementó de 400 millones de dólares en 2009 a 1.7 mil millones en 2014, pero solo seis países (con Bulgaria en la sexta posición) recibieron el 95% del total.

Las oscilantes tasas de éxito se explican por las diferencias tanto económicas como políticas entre los dieciséis países. Las economías más grandes han estado mejor equipadas para aceptar los proyectos a gran escala de China, mientras que los países más pequeños han luchado para implementar proyectos específicos. Para Estados miembros de la UE pequeños como Croacia o Eslovenia, sus limitaciones por tamaño quedan exacerbadas por los requisitos regulatorios de la UE, que a menudo son incompatibles con las propuestas de inversión chinas. Por ejemplo, un plan de financiación de 10 mil millones de dólares propuesto por China permanece restringido por partes del pacto de estabilidad y crecimiento de la UE, frustrando ambiciones en Beijing y en grupo de países de Europa central y oriental y conduciría a una falta de voluntad para desarrollar mayor cooperación.

El formato en su conjunto también se percibe con sospechas por muchos en Bruselas, quienes lo ven como un ejemplo de las tácticas de China de ‘divide y vencerás’. Existen preocupaciones respecto al hecho de que la cooperación de países de Europa central y oriental con China podría perjudicar sus relaciones con las instituciones de la UE o socavar las políticas de ésta. Esto ha comenzado a darse potencialmente con Hungría (un receptor principal de inversión china) jugando un papel preponderante para frustrar los esfuerzos de la Unión por emitir un pronunciamiento firme y unificado en respuesta a las acciones militares de China en el mar del Sur de China. Finalmente, gracias a las objeciones de Hungría entre otros, el pronunciamiento evitó cualquier mención a China como tal. 

En palabras de un autor, ‘ha surgido una mentalidad de guerra fría’, lo que también está levantando sospechas sobre las intenciones de China por establecer el proyecto One Belt One Road. Para combatir esto, el informe sugiere que Beijing debería emprender una campaña de relaciones públicas culturales para reducir prejuicios entre el público europeo y para potenciar el poder blando de China.