El gran salto de China al exterior: la iniciativa “One Belt, one Road”

Los autores del informe identifican una serie de retos a los que se enfrenta el ambicioso proyecto de Pekín en política exterior "One Belt, One Road"

ECFR Alumni · Associate Fellow
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La iniciativa desarrollada por China y analizada en el nuevo informe de ECFR One Belt, one Road (OBOR en sus siglas en inglés) es una combinación de las dos rutas de la seda, una económica y terrestre y otra marítima y adaptada al siglo XXI. Se trata de una ofensiva diplomática de gran calado, con la que China quiere lanzar el mensaje de que sus nuevas instituciones con carácter multilateral y sus proyectos de cooperación internacional hacen de ella un nuevo tipo de potencia, más preparada para entenderse con las dinámicas de un mundo post-occidental.

Los autores del informe identifican una serie de retos para este ambicioso proyecto de Pekín. Se analiza con especial atención el riesgo producido por el efecto “frontón” debido a que China ha invertido en países de alto riesgo grandes cantidades a una rentabilidad baja. Los investigadores también comentan que la promoción de proyectos chinos a nivel diplomático puede promover respuestas negativas en vecinos potencialmente hostiles y que temen la proyección exterior del gigante asiático.

Antoine Bondaz evalúa la aceptación nacional china con carácter generalizado del Proyecto OBOR, concluyendo que este proyecto simboliza la aspiración emblemática china de nuevo tipo de gran potencia, sin confrontación ni hegemonía. Afirma que es una crítica encubierta a Estados Unidos pese a los esfuerzos en señalar que esto no es una confrontación con la potencia americana.

David Cohen señala que China ha demostrado estar dispuesta a seguir con los planes de respaldo financiero acordados. El autor apunta que China ha financiado alrededor de un total de 100 mil millones de dólares: 40 mil millones localizados en Asia central y en la financiación de la ruta de la seda, 50 mil millones en el nuevo Banco Asiático de Inversión en Infraestructura y 10 mil millones en el Nuevo Banco de Desarrollo dirigido por los BRICS.

Agatha Kratz examina las consecuencias económicas –más que las geopolíticas– como las motivadoras de la iniciativa china. Destaca la preocupación existente entre los académicos chinos acerca de una distribución desacertada de los recursos por parte de China en un contexto de desaceleración económica. 

La autora comenta que el proyecto de la Ruta de la Seda puede ser una oportunidad para aumentar la capacidad china a nivel comercial y que actualmente está disminuyendo. Kratz también analiza los primeros pasos del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII). Los 8.2 trillones de dólares en infraestructura financiada en Asia durante esta década y la falta de compromiso con las instituciones financieras internacionales existentes son las razones de su triunfo, incluso entre tradicionales aliados americanos. Sin embargo el BAII también afronta riesgos potenciales tales como mantener el apoyo de los aliados, la cuestión sobre al derecho de veto y la falta de experiencia directiva comparado con el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional.

Raffaello Pantucci destaca los desafíos internos y externos a los que se enfrenta la iniciativa china. A nivel interno, hay dudas de si los grupos de interés chinos tendrán paciencia para esperar ganancias a largo plazo y cómo evitar los efectos de duplicar iniciativas. Desde la perspectiva externa, Pantucci señala problemas potenciales internacionales que incluyen el nerviosismo generado en los vecinos por las intenciones chinas, la debilidad económica y la inestabilidad política de muchas de las naciones de la Ruta de la Seda, así como la rivalidad existente con potencias rivales como Rusia, Estados Unidos o India.