Bordeando la crisis: Europa, África y un nuevo enfoque de la gestión de crisis

Las inminentes catástrofes humanitarias que se avecinan en el Sahel y en el Cuerno de África pondrán a prueba la gestión de la crisis europea hasta el límite

Senior Policy Fellow
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Las inminentes catástrofes humanitarias que se avecinan en el Sahel y en el Cuerno de África pondrán a prueba la gestión de la crisis europea hasta el límite

Europa se enfrenta a una “catástrofe humanitaria” en el sur, al mismo tiempo que su principal socio, Estados Unidos, se está alejando de los compromisos humanitarios, según un nuevo informe del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores. En el informe “Bordeando la crisis: Europa, África y un nuevo enfoque de la gestión de crisis”, Richard Gowan, Senior Policy Fellow, sostiene que la UE, con el Reino Unido al frente, a pesar del Brexit y las elecciones de este verano, tiene que dar un paso adelante a la hora de gestionar las inminentes hambrunas y conflictos en el Sahel y en el Cuerno de África, para demostrar que Europa sigue siendo capaz de tomar medidas estratégicas más allá de sus fronteras.

Nigeria, Sudán del Sur y Somalia están al borde de la hambruna, con un total de 25 millones de personas necesitadas en los tres países. El número de desplazamientos es comparable a la huida masiva de Siria, con dos millones de desplazados internos (IDPs por sus siglas en inglés) en el norte de Nigeria y más de tres millones en Sudán del Sur. Dos millones de somalíes se encuentran o bien desplazados dentro del país o viven en países vecinos.

Si la situación humanitaria en uno o más de estos países se deteriora, las posibilidades de que un gran número de nuevos refugiados e inmigrantes busquen caminos hacia Europa serán altas, al igual que las posibilidades de que los mecanismos regionales para manejar el flujo quiebren.

La ONU ha pedido 4.400 millones de dólares para hacer frente a estos desafíos inmediatos y a la amenaza paralela de hambruna en Yemen. Sin embargo, esto ha coincidido con las amenazas de la administración de Trump de reducir a la mitad o más las contribuciones estadounidenses a actividades multilaterales. Si bien esta propuesta tiene que ser aprobada por el Congreso, sigue siendo prudente suponer que la administración de Trump hará todo lo posible para evitar nuevos compromisos humanitarios en el futuro.

Esto pondrá a prueba no sólo los recursos financieros europeos y los instintos humanitarios, sino también sus políticas de gestión de la crisis.

Las actuales crisis humanitarias en el sur de Europa provienen principalmente de la inestabilidad política y de los conflictos recurrentes. “Lo que realmente necesita África Occidental, el Sahel y el Cuerno de África es invertir en una diplomacia más preventiva para evitar los conflictos antes de que surjan”, dijo el autor del informe, Richard Gowan.Mucha política europea se basa en la engañosa suposición de que es posible construir barricadas contra los migrantes y los terroristas, y hay muy pocas reflexiones sobre cómo abordar las causas políticas de los conflictos”.

Para hacer frente a ese déficit, Gowan sostiene que gobiernos e instituciones europeas deben reconsiderar las opciones sobre la gestión de crisis civiles. Un reciente enfoque político dirigido a la gestión de crisis civiles significaría desplegar equipos diplomáticos más ligeros para ayudar a prevenir conflictos, mediar disputas y asesorar sobre la implementación de acuerdos de paz.

Concretamente, el autor sostiene que hay una necesidad urgente de que la diplomacia humanitaria garantice que la comida y la ayuda llegue a los afectados en Nigeria, Somalia y Sudán del Sur para evitar un desastre humanitario inminente.

En segundo lugar, los gobiernos europeos y la UE deben pasar de estrategias centradas en la “contención” de las amenazas migratorias y terroristas a un mayor enfoque en solucionar los desafíos políticos locales, transfronterizos y regionales. La actividad europea no puede tratarse simplemente de crear un mecanismo para mantener alejados a los migrantes.

En tercer lugar, si bien puede tener sentido que los europeos jueguen un papel secundario ante los líderes africanos, la ONU y otros actores en los procesos de mediación en el Sahel; los miembros de la UE deberían poder desplegar mayores activos de mediación a corto plazo para facilitar los procesos políticos. La participación temprana y el establecimiento de vínculos con actores claves en conflictos potenciales es esencial para mitigar los riesgos de futuras crisis humanitarias.

En cuarto lugar, una combinación de factores financieros, políticos y operativos significará que es poco probable que el Consejo de Seguridad alcance operaciones a gran escala de cascos azules para responder a las crisis en la región en el futuro. Así pues, los planificadores europeos deben prepararse para una era en la que las considerables operaciones de paz de las Naciones Unidas desempeñan un papel cada vez menor en la seguridad africana.

En quinto y último lugar, Antonio Guterres necesita un fuerte apoyo europeo -en términos políticos y financieros- para avanzar en su agenda política y de prevención puesto que va a tener muchas posibilidades de guiar a la ONU en su totalidad durante la primera fase de la administración de Trump.

“Mientras Europa se ha interiorizado, ha aumentado el número de crisis a lo largo de sus flancos”, concluye Gowan. “Esta es una prueba fundamental de la capacidad de los líderes europeos para mirar más allá de sus problemas cotidianos y controlar las crisis que amenazan con crear inestabilidad a largo plazo en el futuro”.

Nota para los editores

Este proyecto ha sido posible gracias al apoyo de la Embajada del Reino de los Países Bajos en Londres.

Richard Gowan está disponible para entrevistas y comentarios, por favor contacte con nuestra oficina de prensa en el siguiente número de teléfono +44 (0) 207 227 6867 o a través de esta dirección de correo: [email protected]

Richard Gowan es investigador asociado de ECFR, especializado en la ONU y gestión de conflictos. También es profesor en la Escuela de Relaciones Internacionales y Asuntos Públicos de la Universidad de Columbia y escribe una columna semanal (“Diplomatic Fallout”) para World Politics Review. Anteriormente fue director de investigación en el Centro de Cooperación Internacional de la Universidad de Nueva York y ha trabajado recientemente como consultor en el International Crisis Group, the Simon–Skjodt Center for the Prevention of Genocide en el Museo Memorial del Holocausto de Estados Unidos y en el Departamento de Asuntos Políticos de la ONU.