Lo cotidiano y lo existencial: cómo Clinton y Trump son un desafío para las relaciones transatlánticas

La diplomacia de género de Clinton podría dañar la unidad transatlántica respecto a Rusia; la forma de negociar de Trump podría destruirla

Es probable que la relación transatlántica se enfrente a desafíos complejos sea cual sea el resultado de las elecciones estadounidenses. Si Trump gana, lanzará una presidencia revolucionaria – retirándose de la OTAN y otras garantías de seguridad, socavando partes clave del régimen global de libre comercio y construyendo relaciones más próximas con hombres fuertes antes que con líderes tradicionales. Pero un nuevo estudio de ECFR demuestra que incluso si Hillary es elegida, la relación trasatlántica podría enfrentarse a difíciles desafíos.

El desafío existencial: Donald Trump presidente

Trump ha proclamado consistentemente que América recibe un tratamiento injusto por parte de sus aliados. Ha declarado que EEUU no debería ofrecer asistencia en la crisis de los refugiados europea, porque ‘nosotros tenemos nuestros propios problemas’, y ha descrito a la cancillera alemana Angela Merkel, la interlocutora más importante de Obama en Europa como ‘relajada’ y ‘aceptando todo el petróleo y gas que pueda obtener de Rusia’ mientras Estados Unidos ‘lidera en Ucrania’

Trump está decidido a asegurar un ‘mejor acuerdo’ para América, lo que incluiría que los aliados europeos pagaran por el privilegio de la protección americana. Si fracasaran en cumplir con sus obligaciones, no serían defendidos. Esta es una preocupación especialmente aguda cuando se trata de una agresión rusa si tenemos en cuenta su relación estrecha con Vladimir Putin. Trump ha alabado la firmeza de Putin y le ha descrito como alguien ‘con el que se llevaría muy bien’.

Todos los presidentes americanos de post-guerra previos han buscado explícitamente una alianza más equilibrada con Europa, pero creían que la seguridad y prosperidad de Europa eran intereses primordiales para Estados Unidos, por lo que nunca consideraron desentenderse de Europa y dejarla abandonada a su suerte.

La doctrina ‘America primero’ de Trump supone un verdadero abandono de esta posición. Debido a que Trump podría alejarse de aliados existentes, su poder de negociación con Europa y otros aliados sería mayor que el Clinton. Pero en este proceso, podría destruirse la relación transatlántica que ha hecho de ambos lados del atlántico tan seguros y prósperos.

El desafío de lo cotidiano: Hillary Clinton presidenta

El desafío de Clinton a las relaciones transatlánticas es más ordinario, pero aun así es serio.

La igualdad de género será una pieza fundamental en la agenda de la presidencia Clinton, reflejada con mayor prominencia en su intención de asegurarse que la mitad de su gabinete esté compuesto por mujeres. Esto incluiría con casi toda certeza a la primera secretaria de defensa mujer de la historia. Su visión de que las mujeres son actores críticos para una diplomacia efectiva implica que buscará construir alianzas solamente con otros gobiernos que promuevan la integración de género, lo cual podría generar conflictos con actores como Rusia, con el cual ya mantuvo una pobre relación como Secretaria de Estado.

Los críticos citan con frecuencia el reinicio de 2009 (2009 reset) como prueba de que Clinton es blanda respecto a Rusia. Pero lo cierto es que su experiencia como secretaria de Estado deterioró profundamente su visión del régimen ruso. Ya en 2011 acusó al régimen ruso de manipular las elecciones al parlamento ruso, y desde entonces ha reprochado duramente a Putin retomar la presidencia rusa y ha comparado la anexión rusa de Crimea a las invasiones de Hitler de Checoslovaquia y Polonia.

Después de que Clinton criticara las elecciones de diciembre de 2011, Putin la acusó personalmente de fomentar protestas contra su gobierno y aún a día de hoy continúa enfadado por esos eventos. Después del supuesto intento de Rusia de ¨hackear¨ el Comité Nacional Demócrata para apoyar a Trump en las elecciones presidenciales, Putin y Clinton al parecer se consideran mutuamente enemigos personales que han intentado activamente sabotear el gobierno del otro.

Para Europa, esta hostilidad podría llevar a un enfoque hacia Rusia más agresivo del que Alemania, en particular, está dispuesto a apoyar. Si los alemanes y los americanos fracasan en alcanzar futuros acuerdos respecto a Rusia, la unidad transatlántica se quebrantará y la estrategia de Occidente hacia Rusia generará confusión.

Más allá de Rusia, no obstante, es probable que Clinton no sea el halcón (“uber-hawk”) que muchos europeos esperan. Como la primera mujer de un gran partido candidata a la presidencia, Clinton ha proyectado cuidadosamente una imagen de fortaleza durante el periodo de campaña. Pero la idea de que estará más inclinada que Obama a usar la fuerza en el exterior no está sustentada por su trayectoria como política.

Como secretaria de Estado, Clinton se quejó frecuentemente de la militarización de la política exterior de EEUU y alabó las virtudes del poder inteligente (“smart power”) para abordar desafíos de seguridad nacional. Ella comenzó las negociaciones secretas con Irán en 2012 que finalmente llevaron al crucial acuerdo nuclear con Irán, apoyó el reacercamiento a Cuba de Obama, y buscó soluciones diplomáticas antes que militares en respuesta a la agresión china en el mar del Sur de China.

Más importante, Clinton siempre se ha reservado su mayor pasión y visión para asuntos domésticos. Probablemente se reservará su capital político para formalizar los acuerdos y compromisos que serán necesarios para progresar en sus prioridades domésticas como la reforma migratoria, la mejora de la financiación para infraestructuras y la baja familiar remunerada antes que arriesgarse con impopulares intervenciones exteriores.

Finalmente, incluso en caso de una presidencia de Clinton, Europa sería imprudente si no aprendiera de la experiencia de la candidatura de Trump. Trump representa solamente una versión extrema de un sentimiento creciente en los Estados Unidos de que, en una etapa de declive relativo, el país está recibiendo un trato injusto por parte de sus aliados. La promesa de futuras elecciones disputadas en términos Trumpistas significa que sería acertado para los europeos adoptar medidas más proactivas para aumentar visiblemente las responsabilidades asumidas dentro de la alianza.