Elecciones europeas: la visión desde Berlín

Alternative für Deutschland, el partido eurófobo más popular de Alemania, parece estar en una encrucijada a semanas de las elecciones: varios miembros han dejado sus cargos al ver cómo convicciones más radicales ganan terreno en el partido

Former head of ECFR Berlin Office


“El debate político en AfD [Alternative für Deutschland] nunca estuvo entre los liberales y los conservadores […] La línea divisoria separa a las clases medias, liberales y conservadoras, de los nacionalistas radicales alemanes. Separa modernidad y antimodernidad, tanto en su concepción de la sociedad como en el papel de los Estados-nación”. Esta caracterización de AfD, el partido eurófobo más popular en Alemania, no viene de un comentarista crítico ni de un rival político. La cita está tomada de una carta abierta escrita por Thomas Rang, un miembro fundador de AfD en Renania del Norte-Westfalia y presidente por mucho tiempo del comité de la Unión Europea en el partido. Rang escribió la carta tras salirse del partido a principios de abril, frustrado por la creciente subordinación de AfD a su ala derechista más radical.

Rang no es el único que ha abandonado el partido en los últimos días, también lo ha hecho Dagmar Metzger, antiguo portavoz de AfD; Jörg Burger, presidente del partido en Renania del Norte-Westfalia y la mitad de la dirección en Sajonia-Anhalt. Su salida fue motivada por un significativo incremento del autoritarismo dentro del partido, así como por sus crecientes inclinaciones hacia la derecha radical, nacionalista e incluso antisemita. A solo unas semanas de las elecciones al Parlamento Europeo, el partido parece estar en una encrucijada: ¿hay espacio en el espectro político de Alemania más a la derecha de la CDU/CSU? ¿O han cruzado algunas partes de AfD la línea trazada en su momento por el antiguo primer ministro bávaro Franz Josef Strauss?

A finales de marzo, la AfD celebró su segunda convención general de partido en Erfurt, en una atmósfera turbulenta bajo la atenta mirada de los medios. Los miembros del partido echaron atrás los planes de crear una nueva estructura de gobierno impulsada por Bernd Lucke, el candidato principal del partido para las elecciones europeas y uno de los tres portavoces del Consejo Federal del partido. Lucke pretendía unir las tres portavocías en un solo cargo, que él mismo asumiría. Esta propuesta fue vista como un intento de Lucke para acumular todo el poder y, en consecuencia, sus compañeros de partido rechazaron la medida.

El discurso de Lucke, no obstante, fue recibido con gran apoyo. Lucke describió a la AfD como el “partido del sentido común” (Partei des gesunden Menschenverstands), mientras que Hans-Olaf Henkel, antiguo presidente de la Federación de Industrias Alemanas y su número dos para las europeas, expresó su orgullo por la imagen que dan los intelectuales del partido, probando, dice, la competencia de la AfD en temas económicos. El asunto principal en la agenda de la convención fue el nuevo programa para las elecciones europeas. La AfD no solo pide la disolución de la unión monetaria y que cada país pueda salirse del euro si lo desea sin abandonar la UE, sino también detener los pagos del Mecanismo Europeo de Estabilidad y una mayor influencia alemana en el Banco Central Europeo. La centralización europea debería revertirse, devolviendo el poder legislativo a los parlamentos nacionales y todos los Estados Miembros deberían tener derecho de veto sobre la legislación europea.

A pesar de la lucha de poder en el partido, la propuesta de una resolución contra las sanciones a Rusia por la crisis de Crimea se convirtió en el tema más controvertido. El borrador original mostraba una gran comprensión hacia las acciones de Rusia y se caracterizaba por un tono abiertamente antiamericano. Aunque criticado por numerosos delegados, la mayoría estaba de acuerdo en que Rusia debería ser tenida en cuenta como una nación poderosa y que el nuevo gobierno ucraniano carecía de legitimidad alguna. La resolución final no reflejó afinidad hacia Putin, pero dejó claro que la AfD rechaza cualquier tipo de sanción y cualquier ampliación de la OTAN hacia el este.

El cerebro tras el retrógrado programa exterior de la AfD es Alexander Gauland, un miembro del comité federal de la AfD, antiguo miembro de la CDU y antiguo Secretario de Estado para Walter Wallmann, primer ministro con Hesse. En septiembre de 2013, antes de las elecciones al Bundestag, Gauland publicó un informe para la AfD estableciendo unas tesis claves para las posturas del partido en política exterior, en las cuales llegaba a reclamar una vuelta al realismo novecentista de Carl von Clausewitz, que llamó a la guerra “la continuación de la política por otros medios”.

En oposición a la abierta actitud revanchista de Gauland, los miembros de la AfD raramente expresan convicciones populistas de derechas en público, y el partido sigue rehuyendo alianzas con sus contrapartes europeas, tales como Marie Le Pen o Geert Wilders. Pero, como dice Thomas Rang en su carta, estas convicciones están ganando terreno.

Recientes encuestas de opinión indican que la AfD obtendrá entre un 5 y un 7,5 por ciento de los votos en las elecciones europeas. Sin embargo, la predicción más optimista (7,5 por ciento) proviene de INSA (Institute for New Social Answers), crítico con la UE. Por lo tanto, una estimación más realista se situaría entre el 5-6% de los votos. En comparación, las encuestas otorgan un 3% al FDP, poniendo a la AfD en posición de convertirse en la quinta fuerza política en Alemania.

También puedes leer el artículo publicado originalmente en inglés en el blog de ECFR: https://ecfr.eu/blog/entry/european_elections_the_view_from_berlin

Con motivo de la publicación de ECFR, “The Eurosceptic surge and how to respond to it“, publicaremos una serie de posts analizando la situación política en los principales países de la UE de cara a las elecciones europeas, con especial atención al auge de los euroescépticos.