¿Quién pagará la cuenta?

Para muchos la integración europea empieza a parecerse cada vez más a la ya célebre descripción del fútbol según Gary Lineker: un deporte en el que 22 hombres corren durante 90 minutos detrás de un balón y, al final, siempre ganan los alemanes

Para muchos la integración europea empieza a parecerse cada vez más a la ya célebre descripción del fútbol según Gary Lineker: un deporte en el que 22 hombres corren durante 90 minutos detrás de un balón y, al final, siempre ganan los alemanes. Añadan hoy seis jugadores más y el resultado es similar a lo que ha ocurrido en los últimos años en el Consejo Europeo. Vean si no lo que está sucediendo con el proyecto de unión bancaria en Europa.

La unión bancaria europea es el paso fundamental que necesita la eurozona para lograr una mayor integración económica y financiera que permita lidiar mejor con futuras crisis financieras así como romper el círculo vicioso entre deuda soberana y riesgo financiero.

El proyecto actual de esta unión consta de tres pilares básicos:

  • Un supervisor único (SSM, en sus siglas en inglés), que establezca las mismas reglas de juego para todos y supervise los mayores bancos de la eurozona (en principio, unos 130 bancos, pero el número definitivo sigue debatiéndose; en España, por ejemplo, más del 90% de los activos bancarios estarán supervisados por el BCE);
  • Un sistema armonizado de garantía de depósitos (DGS), que asegure los ahorros de los depositantes hasta un límite máximo que hoy se sitúa en los 100.000€.
  • Un mecanismo único de resolución/reestructuración (SRM), que permita resolver las quiebras e insolvencias de los bancos de forma ordenada. La propuesta actual de la Comisión Europea prevé que este fondo de resolución se financie con las aportaciones de los propios bancos.

El último número de Papeles de Economía Española presentado la pasada semana y editado por FUNCAS analiza en profundidad la construcción de esta unión bancaria. Como se hizo evidente durante la presentación, la gran pregunta sigue siendo quién pagará la cuenta cuando llegue la factura.

Es decir, que el futuro del proyecto depende en gran medida de lo que quiera y haga Alemania. Desde el inicio de la crisis, Angela Merkel ha tratado de no exponer a los contribuyentes alemanes más de lo que les correspondería. Pero el problema es precisamente éste: que no todo el mundo entiende de la misma forma cómo se divide la factura, ni Alemania puede satisfacer todas las expectativas europeas, como señalaba Ulrike Guérot en ECFR.

Alemania ha logrado que su posición prevalezca a la hora de diseñar y avalar los rescates, como en su día describió Forges con humor: Cuando los ahorros de los chipriotas veas merkelear, saca los tuyos del banco y ponlos bajo el sofá. Ha sido muy crítica, por ejemplo, con el papel del BCE y su uso de instrumentos de política monetaria como las “transacciones monetarias directas” y, a su vez, la postura alemana está siendo determinante en la negociación de la unión bancaria, tratando de limitar la exposición del dinero alemán a los seguros de depósitos y al fondo destinado a la reestructuración de los bancos con problemas. Pero también cuando se han fijado los criterios para que un banco sea supervisado por la autoridad europea; unos criterios que no por casualidad han dejado fuera de la supervisión común a muchos bancos regionales alemanes.

Con todo, Alemania es partidaria de avanzar hacia una mayor integración económica y financiera y es muy consciente de la importancia de la unión bancaria para el futuro del euro. Pero quiere hacerla paso a paso y sin mucha prisa. Porque saben que, al final, aunque jueguen 28 casi siempre ganan los alemanes.