Elecciones francesas: el juego de demolición

Este ciclo electoral francés es algo entre una montaña rusa y una partida de demolición

ECFR Alumni · Head, ECFR Paris
Senior Policy Fellow
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Hasta ahora, este ciclo electoral francés es algo entre una montaña rusa y una partida de demolición. El sistema político francés está acostumbrado a aplastar a los titulares, pero esta vez la destrucción ha sido más completa.

El diciembre pasado, el presidente Hollande, que habría perdido probablemente las primarias de la izquierda, decidió no postularse para la reelección. Cuando el ex primer ministro Manuel Valls decidió aceptar el reto y defender su estilo duro de social-liberalismo, inmediatamente se convirtió en el favorito para el voto primario socialista. Y sin embargo (o quizá por esa condición), fue derrotado la semana pasada por su rebelde compañero de partido y exministro, Benoît Hamon. Hamon es un socialdemócrata francés más clásico, más progresista en cuestiones sociales y económicamente más a la izquierda que Valls.

Este inesperado resultado se vio reflejado también en el resultado de las primarias de la derecha desde el pasado noviembre. El favorito Alain Juppé se había volcado en realizar todo el camino de la segunda vuelta de la elección presidencial y, sin embargo, fue eliminado (junto con el expresidente Nicolas Sarkozy) por François Fillon.

Fillon, sin embargo, fue incapaz de capitalizar este impulso y, después de las recientes preguntas de los medios de comunicación sobre el trabajo de su esposa como asistente parlamentaria, se encuentra sumido en una polémica y puede que no pueda permanecer en la carrera.

Dada la debilidad de la izquierda socialista y las dificultades de la derecha conservadora -especialmente frente a la creciente desconfianza hacia el conjunto de la política-, los partidos políticos secundarios consideran que este podría ser su año.

A la cabeza de esta lista de aspirantes, se encuentra por supuesto, el Frente Nacional de Marine le Pen. Ella ve el referéndum del Brexit y la elección de Trump como una evidencia de que los populistas pueden ganar contra todo pronóstico. De hecho, si las encuestas son tomadas en serio, parece que le Pen está a punto de alcanzar la segunda ronda, aunque otros están haciendo cola para lanzarse como el partido emergente. De estos, el candidato de la extrema izquierda Jean-Luc Mélenchon parece una apuesta arriesgada, pero el más centrista Emmanuel Macron – un tipo diferente de candidato, dado que fue consejero y luego ministro de Hollande – parece estar ganando impulso. Esto, a pesar de (o, de nuevo, precisamente por ello) su apuesta por presentarse fuera del sistema de los partidos tradicionales.

Con tantos contratiempos, y quedando todavía varias semanas por delante, parece difícil hacer predicciones sobre la elección. En este punto, la carrera parece bastante abierta, con los cinco candidatos mencionados entre el 15 y el 25 por ciento de los votos en las encuestas de la primera ronda. Incluso las encuestas de la segunda ronda – que de manera repetitiva muestran a Le Pen perdiendo por más de 10 puntos contra cualquier otro candidato- deben tomarse con mucho cuidado. Después de todo, aunque la primera ronda tendrá lugar en menos de tres meses, la campaña todavía está en una primera etapa.

Eclipsado por el actual show político y por unas elecciones primarias sobrecargadas que pusieron de relieve los matices intrapartidarios en lugar de las diferencias generales, el verdadero debate acaba de comenzar. De hecho, algunos candidatos sólo están ultimando sus plataformas de políticas.

En este contexto, los asuntos europeos e internacionales todavía no han atraído mucha atención. Esto, por supuesto, no es sorprendente, pero uno no puede dejar de notar que para abordar las principales prioridades de los votantes -terrorismo y desempleo- la estrategia europea del próximo presidente francés no será insignificante.

Europa ha sido un asunto difícil durante años, con líneas divisorias en los partidos tradicionales. En este contexto, es probable que Hamon y Fillon sigan siendo cautelosos y se adhieran al apoyo hacia la UE. Hamon busca el fin de la austeridad y el impulso hacia la inversión ambiental, mientras que Fillon apunta a una Europa más intergubernamental con fronteras más estrictas, pero ninguno de los candidatos es probable que vaya a alterar la situación europea. 

Los otros candidatos están más cómodos con posiciones más atrevidas. Macron se muestra como un partidario inflexible de una mayor integración y de una cooperación franco-alemana más sólida. Mélenchon y Le Pen, por otra parte, parecen dispuestos a impulsar una posible salida de la Unión Europea, con el objetivo de renegociar una reforma fundamental de la UE, aunque sus respectivos fines políticos difieren ampliamente.

Las diferencias entre los candidatos en temas de política exterior deberán ser aclarados en los próximos debates. Sólo unos pocos temas han llegado a los titulares, como Rusia, Oriente Medio o la crisis de los refugiados, pero algunos hechos interesantes ya están claros. El tradicional consenso bipartidista sobre la política exterior se está desvaneciendo aún más, aunque sólo sea porque el mundo está cambiando a una velocidad acelerada. Sin embargo, la división histórica entre “gaullo-mitterandists” (que convenientemente desarrolló y defendió este llamado “consenso” durante décadas) y “atlanticists” parece seguir siendo la lente de lectura por defecto para los observadores.

Una de las principales consecuencias de este enfoque erróneo es que oculta la necesidad de un debate sobre la forma de europeizar la política exterior de Francia. La evolución de la política exterior de Rusia, las consecuencias de las elecciones en Estados Unidos, los desafíos cada vez mayores que enfrenta el sistema multilateral y el excesivo esfuerzo de las capacidades militares francesas son sólo algunas de las razones por las que Francia debería reflexionar más profundamente sobre lo que puede lograr por sí mismo y qué está dispuesto a hacer para unir a la Unión Europea en torno a una agenda de política exterior más firme y creíble. Por no hablar, obviamente, de las evoluciones dentro de Europa, con la perspectiva de Brexit, la evolución del estatus global de Alemania, o el aumento del populismo, etc.

Hasta ahora, el debate sobre la política exterior francesa se ha estructurado principalmente con la idea implícita de que Francia no sólo tiene un papel nacional específico, sino que es capaz de hacerlo en solitario. En este sentido, la próxima elección puede mostrar que, después del Reino Unido (aunque de una manera muy diferente), Francia está teniendo su propio episodio ilusorio sobre lo que es capaz de lograr por sí mismo en el mundo. Sea cual sea el resultado, probablemente represente otra oportunidad perdida, tanto para Francia como para Europa, en un momento de desafíos acuciantes.