Egipto: Europa sigue la corriente

Con la decisión de la Unión Europea de enviar una misión de observación electoral para las elecciones presidenciales en Egipto, Europa se arriesga a validar un proceso cuestionado desde el principio por grandes sectores de la sociedad egipcia y rechazado por muchos

ECFR Alumni · Associate Researcher

 

Recientemente se confirmó la decisión de la Unión Europea de enviar una misión de observación electoral para las elecciones presidenciales en Egipto. Juzgada como “valerosa” por los diplomáticos egipcios, esta decisión también podría ser vista como una desafortunada aprobación del mapa de ruta impuesto por el gobierno militar desde julio de 2013. Con ello, Europa se arriesga a validar un proceso cuestionado desde el principio por grandes sectores de la sociedad egipcia y rechazado por muchos. Parece haber una brecha cada vez más ancha entre las llamadas al pluralismo, la reconciliación y la inclusión por parte de la comunidad internacional y las  dinámicas internas de exclusión, difamación y represión por parte del gobierno interino. Su reciente decisión de ilegalizar el grupo de jóvenes activistas llamado el Movimiento 6 de Abril, su mano dura para eliminar supuestas “células terroristas” y las continuas detenciones de miles de prisioneros sin juicio no suponen un buen augurio para una solución política en el medio y largo plazo.

Los políticos egipcios en campaña tampoco parecen ofrecer mensajes de conciliación que ayuden a rebajar la tensión. Desde el propio Abdel Fattah el-Sisi, candidato a la presidencia, declarando en su primera entrevista en televisión que los Hermanos Musulmanes estaban “acabados”, hasta los diplomáticos pidiendo el voto a los expatriados en diferentes capitales europeas, advirtiendo agresivamente de que “no habrá reconciliación, que no se espere ningún tipo de acercamiento del gobierno hacia los Hermanos”, el mensaje es de oposición total a la reconciliación y de culpabilizaciónconstante hacia los HHMM. En el último encuentro de los Amigos de Siria en Londres, el ministro de Exteriores egipcio Nabil Fahmy negó que su país estuviera retrocediendo hacia un estado represivo y autocrático.

Hace tiempo que el barco abandonó el puerto, y aquellos que lloran por Mursi se han quedado en el muelle

¿Cuál ha sido la reacción europea a los últimos acontecimientos en Egipto? Cuando menos, poco crítica. Los comentarios de Ashton tras el último Consejo de Asuntos Exteriores no incluían mención alguna sobre Egipto. La primera “ronda” de 529 seguidores de los HHMM sentenciados a muerte fue recibida con una “gran preocupación” por parte de la Alta Representante; la segunda ronda de 683 sentencias provocó una reacción ligeramente más contundente: “los procedimientos carecen de los estándares más básicos de debido proceso y las sentencias parecen sumamente desproporcionadas”. Pero en ambos casos, el gran número de sentencias a muerte ha creado un incómodo precedente: ¿cómo reaccionar cuando ‘una sola persona’ sea ahora sentenciada a muerte?. El daño al antes respetado poder judicial egipcio es irreversible, incluso si el-Sisi planeara revocar una vez sea presidente algunas o todas las sentencias de muerte como gesto de buena voluntad. No hace falta decir que ese mismo daño lo ha sufrido la reputación de la UE como promotora del estado de derecho, la democracia y los derechos humanos por todo el mundo. También ha sufrido, una vez más, su voluntad política para acompañar sus palabras con acciones.

En cuanto a la oposición, no hay mucho movimiento más allá de la propuesta de boicot a las próximas elecciones. En un reciente seminario en Madrid al que asistieron algunos miembros de la oposición egipcia, estos no tardaron en criticar la postura adoptada por la UE con Egipto tras la expulsión del antiguo presidente Mursi. No obstante, al ser preguntados sobre qué debería hacer la UE, las respuestas fueron menos claras. Parece difícil desacelerar, cuando no revertir, el proceso de normalización con Egipto en el que los socios internacionales parecen haberse embarcado. Como un analista local comentó recientemente, “hace tiempo que el barco abandonó el puerto, y aquellos que lloran por Mursi se han quedado en el muelle”.

Algunos miembros de la oposición reconocen la necesidad de formar una alianza más amplia que el actual frente antigolpista y adoptar un programa nacional que esté sustentado en la tolerancia y el respeto a los demás. No sería fácil, pero sí esencial para adaptar sus reclamaciones al contexto actual en Egipto y quizá sea la última oportunidad para participar en el proceso (siempre y cuando el futuro gobierno permita un espacio político en el que la oposición pueda operar).

Por su parte, la UE sí que tiene un plan, según el Ex enviado especial para el Mediterráneo Sur, Bernardino León. La Unión sigue siendo el único actor capaz de dialogar con ambas partes, y está barajando una iniciativa para la reconciliación que posiblemente propondrá tras las elecciones. Esto contrasta con la visión de analistas locales en el terreno que insisten en que “reconciliación e inclusión se han convertido en palabras tabú en el diccionario político de Egipto”: ningún agente exterior será capaz de convencer a los egipcios de comenzar una dinámica de reconciliación.

La Unión sigue siendo el único actor capaz de dialogar con ambas partes

El inminente regreso de un autócrata a Egipto trae de vuelta el eterno dilema de la UE entre intereses y valores. Esto no significa que los Estados miembros deban suprimir del todo sus relaciones bilaterales con Egipto, pero sí que consideren replantearse el modo de desarrollarlas, por ejemplo negándose a reanudar las ventas de armas pequeñas o llamando la atención sobre la violación de derechos humanos del gobierno egipcio en sus parlamentos nacionales. Respecto a las próximas elecciones, la prueba de fuego será si el esperado informe final de la UE recoge no solo los aspectos técnicos de la votación, sino también el contexto en el que la elección ha tenido lugar.