Cuidado con las apariencias: tras la expectación de Sisi

Mientras Egipto se encuentra en plena vorágine electoral, es importante que la Unión Europea mantenga una distancia prudente de toda la expectación que rodea el proceso y del halo que rodea al posible presidente Abdel Fattah el-Sisi

ECFR Alumni · Associate Researcher

© Zuma Press, Inc / Alamy

Mientras Egipto se encuentra en plena vorágine electoral, la Unión Europea se pregunta qué significará la posible presidencia de Abdel Fattah el-Sisi para Egipto y las relaciones bilaterales con el país. La expectación en torno a la candidatura de Sisi en los medios egipcios les ha llevado a retratarle desde hace meses como un héroe nacional y un billete hacia la recuperación. Esta percepción se ha extendido recientemente y de manera preocupante en algunos medios internacionales gracias a una corriente de ‘apologistas’ de Sisi. Estos afirman que solo el antiguo general puede implementar las profundas reformas que Egipto necesita para conseguir la estabilidad económica, dado el apoyo institucional, militar y popular con el que cuenta. No obstante, Sisi aún tiene que aportar propuestas concretas o algo que se parezca a un programa electoral. Una vez los vídeos virales desaparezcan y las camisetas se hayan vendido, la pregunta es ¿cuánto tiempo continuará la sociedad egipcia a apoyar esta vacía retórica nacionalista?

Es poco probable que la comunidad internacional, ansiosa por acabar con la hoja de ruta y retomar al completo la colaboración con Egipto, inste a Sisi a tomar una postura más inclusiva y con mayor atención a los derechos humanos

Es poco probable que la comunidad internacional, ansiosa por acabar con la hoja de ruta y retomar al completo la colaboración con Egipto, inste a Sisi a tomar una postura más inclusiva y con mayor atención a los derechos humanos. Dado el historial del régimen interino en los últimos nueve meses, en los que más ciudadanos han muerto a manos de las fuerzas del Estado que en cualquier otra época de la historia de Egipto, la rendición de cuentas ha sido prácticamente nula, y la persecución de las voces discordantes no ha hecho más que eliminar cualquier posibilidad de reconciliación, no parece que forme parte del programa electoral de Sisi. Más probable sería la perpetuación del statu quo, con gestos simbólicos por parte del gobierno entrante, tales como la liberación de alguno de los periodistas de Al-Jazeera detenidos, actos superficiales para reconocer su responsabilidad por las masacres de Rabaa, y posiblemente una apertura simbólica hacia el Partido de la Libertad y la Justicia de los Hermanos Musulmanes.

La naturaleza de la represión ha cambiado, según un analista sobre el terreno de Human Rights Watch; es más peligrosa ahora dada su imprevisibilidad que antes por su mayor extensión. Es más: según destaca el experto Nathan Brown, el hecho de que “todos los instrumentos del estado egipcio” parecen estar dispuestos a participar en la represión, animados por los medios sensacionalistas, es extremadamente preocupante de cara a cualquier futuro pacto de inclusividad o reconciliación. Las sentencias de muerte sobre 529 presuntos miembros de los Hermanos Musulmanes, tras una farsa de juicio en el cual los abogados de los acusados no pudieron presentar sus casos, y los otros 683 encausados en un juicio similar el 28 de abril (incluyendo al Guía Supremo de los Hermanos Musulmanes, Mohammed Badie) demuestran que el poder judicial ya no está por encima de la lucha política. Aunque salgan adelante las apelaciones o las sentencias se puedan suavizar, es difícil creer que las autoridades estén llevando a cabo una estrategia a largo plazo; el camino parece estar llevándoles lejos de cualquier reconciliación política. Más aún: el régimen sigue sin distinguir entre los Hermanos y los grupos extremistas violentos asentados en zonas como el Sinaí.

Egipto sigue sin tomarse bien las críticas del exterior: tras la declaración conjunta firmada en marzo por veintisiete países en el Consejo de los Derechos Humanos de la ONU, el ministro egipcio de Asuntos Exteriores convocó a los enviados de los países europeos firmantes para darles un toque de atención

Es importante que la UE y sus estados miembros no entren al juego. Egipto sigue sin tomarse bien las críticas del exterior: tras la declaración conjunta firmada en marzo por veintisiete países en el Consejo de los Derechos Humanos de la ONU, el ministro egipcio de Asuntos Exteriores convocó a los enviados de los países europeos firmantes para darles un toque de atención. Los embajadores fueron advertidos de que las relaciones bilaterales entre Egipto y sus respectivos países podrían verse dañadas si no actuaban para “corregir” su postura política. Desde esta perspectiva, la reciente decisión del primer ministro británico, David Cameron, de lanzar una investigación gubernamental acerca de las actividades e ideología de los Hermanos Musulmanes es especialmente relevante, mostrando a las autoridades egipcias que su designación, aún sin evidencias, de los Hermanos como grupo terrorista en diciembre del año pasado quizá tenga algún fundamento. Tampoco la elección del actual embajador británico en Arabia Saudí (donde los Hermanos están ilegalizados) para liderar la investigación servirá de mucho para contrarrestar las voces que afirman que Reino Unido se está doblegando ante las presiones de sus socios clave en Oriente Medio.

Entre casi ridículas noticias de la cura para el SIDA que las Fuerzas Armadas Egipcias están buscando y de un hombre condenado a prisión por llamar a su burro “Sisi”, Egipto sigue adelante con la hoja de ruta de su transición impuesta por el ámbito militar.

Entre casi ridículas noticias de la cura para el SIDA que las Fuerzas Armadas Egipcias están buscando y de un hombre condenado a prisión por llamar a su burro “Sisi”, Egipto sigue adelante con la hoja de ruta de su transición impuesta por el ámbito militar. La comunidad internacional deberá mantener una distancia prudente de toda la expectación que rodea el proceso y del halo en torno al protagonista. No deberán de estar tan deseosos de pasar página en lo que un analista egipcio con el que hablé recientemente en el Cairo llamó un periodo de “autocracia descontrolada” hacia un periodo de “democracia controlada”.