Las nuevas guerras de Europa contra el terrorismo

A medida que las fuerzas iraquíes y sus socios internacionales comienzan una operación planeada desde hace tiempo para recapturar Mosul, los países europeos est

Las guerras contraterroristas europeas corren el riesgo de fracasar en la prevención de ataques a la vez que debilitan el derecho internacional 

A medida que las fuerzas iraquíes y sus socios internacionales comienzan una operación planeada desde hace tiempo para recapturar Mosul, los países europeos están jugando un papel significativo. Su participación es típica de una tendencia emergente en las acciones militares exteriores europeas, lo que marca una desviación en los principios previamente sostenidos.

Según un nuevo informe del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR en sus siglas en ingles), existen grandes interrogantes sobre la justificación legal y la eficacia de las ‘nuevas guerras antiterroristas europeas’

La legalidad de las acciones europeas

A pesar de las fuertes críticas de ciertas voces europeas a la ‘guerra global contra el terror’ de Estados Unidos durante los años que siguieron al 11 de septiembre, varios países europeos – guiados por Francia y Reino Unido – se encuentran ahora implicados en acciones militares directas contra grupos terroristas en Siria, Irak, el Sahel y Libia. Entre ellos han coordinado miles de ataques aéreos, y – en el caso del Reino Unido – han llevado a cabo ataques selectivos contra combatientes enemigos.

Las acciones militares contra el Estado Islámico de Irak y el Levante (conocido también como Daesh), particularmente en Siria,  han supuesto un cambio en las posiciones europeas, debido al hecho de que el gobierno sirio no ha dado permiso a los países europeos para el uso de la fuerza en su territorio. Por esta razón, un funcionario holandés declaró en 2014 que no existía ‘mandato legal internacional en la actualidad’ para llevar a cabo una acción militar en Siria. Sin embargo, a principios de 2016 el gobierno holandés cambió su visión y comenzó a llevar a cabo ataques junto a las fuerzas británicas y francesas.

Otra cuestión legal espinosa que las recientes intervenciones europeas han pasado por alto es la estipulación en la Carta de las Naciones Unidas de que el uso de la fuerza en suelo extranjero solo puede permitirse cuando la amenaza que plantean los enemigos constituye un ‘ataque armado’. Estos requisitos no se cumplen explícitamente cuando las fuerzas europeas dirigen sus ataques antiterroristas en el extranjero que pueden no tener ningún vínculo personal con algún ataque perpetrado o específicamente planeado en territorio europeo. 

Al ejecutar estas intervenciones, los gobiernos europeos han cambiado su posición legal hacia una postura más permisiva en la interpretación del derecho internacional, sentando un precedente potencialmente peligroso.

Anthony Dworkin, autor de Las nuevas guerras contraterroristas europeas, ha declarado:

Si los países europeos permiten el uso de la fuerza contra grupos externos armados un precedente expansivo, podrían facilitarle a China o a Rusia atacar militarmente a combatientes que describen como terroristas en otros países. Esto podría tener un impacto desastroso en los esfuerzos europeos por promover el orden jurídico internacional”.

El valor estratégico del antiterrorismo militar

Las acciones militares europeas también corren el riesgo de ser ineficaces e incluso contraproducentes. Los ataques aéreos franceses en Siria a comienzos de septiembre de 2015, por ejemplo, no condujeron a ninguna reducción de la amenaza que Daesh supone a los europeos. Por el contrario, los siguientes meses fueron testigo de los primeros ataques cometidos por Daesh con un alto índice de víctimas en París en noviembre de 2015 y en Bruselas en marzo de 2016.

Es fundamental para obtener resultados exitosos que las acciones militares se combinen con soluciones políticas más amplias – un criterio discutiblemente ausente en la actual batalla por Mosul. En la ausencia de tales condiciones, las intervenciones militares han servido con frecuencia solo para exacerbar tensiones locales y servir de herramienta de captación a extremistas.

Esta manera contra-producente se explica por el hecho de que estas operaciones están a menudo dirigidas principalmente por consideraciones políticas antes que estratégicas. Como un funcionario de seguridad francés dijo, hay “principalmente una respuesta doméstica para demostrar que estamos haciendo algo, aunque todos sabemos que no es la respuesta más eficaz a los grupos terroristas extranjeros”.

Como sostiene Anthony Dworkin, autor del informe, ¨los ataques aéreos se llevan a cabo con frecuencia para servir a una necesidad política dentro de Europa antes que, como una acción efectiva para prevenir futuros ataques terroristas, pero existe el peligro de que sean un esfuerzo en vano o de que incluso empeoren la situación¨.

Buscando un equilibrio entre consideraciones estratégicas, legales y políticas, los gobiernos europeos han priorizado a veces esta última sobre las primeras para asegurarse un público asustado por imágenes de ataques extremistas. Sin embargo, dado que 1) es poco probable que las nuevas guerras contraterroristas destruyan los grupos que tienen como objetivo, y 2) corren el riesgo de debilitar el derecho internacional en detrimento de intereses europeos, esta es una decisión que con el tiempo quizá lamenten.

Accede a la publicación original en inglés, publicada el pasado 21 de octubre.