La Hidra de Putin: Los servicios de inteligencia rusos

Las agencias de inteligencia del Kremlin, divididas e inmersas en batallas burocráticas

ECFR Alumni · Former Visiting Fellow
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Lejos de darse una “dictadura” de los servicios de inteligencia en el Kremlin actualmente existe una división interna en la inteligencia rusa. Distraída con batallas burocráticas, la calidad de la inteligencia que llega al Kremlin con frecuencia es pobre, resultando en una amenaza para los intereses del propio Putin.

Basándose en extensas entrevistas con antiguos y actuales oficiales de inteligencia, la nueva publicación de ECFR “Putin’s hydra: Inside Russia’s intelligence services”, escrita por el investigador visitante Mark Galeotti explica cómo funcionan en realidad las agencias de espionaje, y argumenta que la perspectiva europea sobre las mismas dibuja una caricatura incompleta y obsoleta. El informe desbarata el mito de que las agencias de inteligencia son las que verdaderamente tienen el poder en Rusia. Por el contrario, están firmemente subordinadas al Kremlin, y Putin las enfrenta entre sí. No son un bloque unitario, sino un grupo disgregado, cuya solidaridad desaparece a la mínima oportunidad con el objetivo de obtener beneficios o rehuir culpas.

Con bastante frecuencia, las agencias reproducen el trabajo de las demás, enzarzándose en una feroz competición en lugar de compartir inteligencia en beneficio del país. La necesidad de complacer al Kremlin y obtener rápidos resultados deriva en la consecución de información y análisis deficientes. Luchando por el territorio, y encerradas en una lógica de Guerra Fría donde “si Occidente pierde, nosotros ganamos”, las agencias de espionaje rusas toman medidas extremas en el extranjero. Sus acciones en Occidente podrían parecer efectivas desde un punto de vista táctico, pero son estratégicamente desastrosas, representando a Rusia como una amenaza de carácter impredecible. Los gobiernos europeos pueden moderar las acciones de las agencias rusas en sus respectivos países adoptando medidas más duras, lo cual significa invertir no sólo en contra-inteligencia sino también enfrentar las debilidades que facilitan las campañas del Kremlin, incluyendo la implantación de controles sobre sus fuentes de financiación. 

El autor, Mark Galeotti, afirma que:

Los rusos están hoy embarcados en masivas y voraces campañas de inteligencia, instigadas por presupuestos aún sustanciosos y una mentalidad en el Kremlin que aún ve engaños y secretismo incluso donde éstos no existen.” 

Las guerras internas entre las agencias han estallado de forma intermitente desde 2004. Los difuminados límites entre las funciones de unas y otras fomenta las guerras burocráticas y el solapamiento –no solo en lo que respecta a las responsabilidades burocráticas normales, financiación, y acceso al poder, sino también a las oportunidades de negocio para los oficiales, y en ocasiones simple supervivencia.

Putin tiene la red de inteligencia y seguridad que quería: una especie de hidra poderosa, salvaje, obediente y con múltiples cabezas. Pero es el mismo Putin, junto a sus sueños de hacer de Rusia una gran potencia, la verdadera víctima de esta bestia deficicientemente gestionada. Las agencias refuerzan sus suposiciones y juegan al ritmo de sus fantasías en lugar de informar y cuestionar su visión del mundo.