La caída de Putin: la crisis venidera del régimen ruso

La trayectoria acutal del régimen ruso es inestable, y, sin cambios drásticos, caerá en el próximo año

ECFR Alumni · Visiting Fellow
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La trayectoria actual del régimen ruso es inestable y, sin cambios dramáticos, se desmoronará en el próximo año, afirma un especialista en Rusia en un nuevo informe de ECFR.

En la nueva publicación de ECFR “Putin’s downfall: The coming crisis of the Russian regime” el investigador visitante Nikolay Petrov argumenta que el régimen político ruso es insostenible e incapaz de reformarse en tiempos de crisis económica. Afirma que el régimen apenas tiene espacio para maniobrar, puesto que la centralización excesiva hace que el sistema sea inestable e ineficiente. Como consecuencia de disidencias domésticas, Vladimir Putin centralizó todo el poder en la presidencia y ello ha debilitado las instituciones estatales y políticas rusas en el proceso. Ahora, el régimen necesita seguir logrando victorias militares, o perderá apoyo.

Petrov asegura que el régimen sólo tendrá dos salidas a su crisis venidera, las cuales tienen limitaciones. La primera es reconciliarse con Occidente y mejorar sus finanzas, frenando la retórica antioccidental y designando reformadores prominentes en posiciones claves en el gobierno. Petrov cree que esto es poco probable dada la insalvable hostilidad entre Rusia y Occidente.

La segunda salida es cambiar de líder. Con un Putin que ha dejado su poder político en manos de las victorias militares, el sistema quebrará en cuanto Rusia deje de ganar. La alternativa es un líder nuevo con un mandato diferente (quizá electoral). Sin embargo, esta opción está plagada de peligros. Sin ningún “heredero” claro, el sistema actual, altamente centralizado y personalizado, tendría que ser reconstruido.

La alternativa a estas estrategias de escape es un arriesgado colapso. Un cambio de régimen descontrolado dejaría Rusia sin líderes visibles o sin instituciones estatales efectivas. En este escenario, una coalición de corporaciones podría asumir el poder, redistribuyéndolo entre distintos organismos: agencias gubernamentales, grandes empresas, o incluso ciertas regiones como Tartaristán y Chechenia.