El bueno, el malo y los Gülenistas

ECFR analiza el papel del movimiento de Gülen en el golpe de Estado de Julio en Turquía

El bueno, el malo y los Gülenistas: el papel del movimiento de Gülen en el intento de golpe de Estado en Turquía.

El intento de golpe de Estado en Turquía la noche del 15 de julio fue un ataque real y serio contra el orden constitucional de un país democrático. Aunque las pruebas son circunstanciales, la alegación del gobierno de que los seguidores de Feethullah Gülen son responsables del complot tiene mérito y no debería ser descartada por occidente, según una nueva investigación del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores.

The good, the bad and the Gülenists esboza la evolución del movimiento, desde un grupo filántropo centrado en la educación en los años setenta hasta un poderoso “enemigo del Estado” en años recientes.

Una red poderosa

La red de Gülen es una organización global y un motor económico en Turquía. Fundada por donaciones de turcos de toda Anatolia, durante su apogeo en 2012 tenía un valor neto de 15-25 mil millones de dólares y más de mil ¨escuelas turcas¨ en 170 países.

A través de una década en alianza con el AKP, esta red amasó un poder sin precedentes en la burocracia turca, sirviendo efectivamente como el departamento de recursos humanos para el gobierno islamista. Pero también es una hermandad opaca que tiene un férreo control sobre la policía y la judicatura turca, y en la que las decisiones críticas se toman según su jerarquía interna. En 2013, 77 de los 81 comisarios de policía provinciales eran simpatizantes Gülenistas, según el Ministro de Interior turco.

Los juicios por las tramas Ergenekon y Balyoz entre 2009 y 2013, en los cuales se pincharon los teléfonos de 113.000 ciudadanos y se arrestaron a cientos en el aparato del Estado por pruebas falsas, revelaron el lado más siniestro de este movimiento, por lo menos a los turcos.

Huellas en el golpe

El centro neurálgico del golpe era la base aérea de Akincilar, donde estaba presente un cercano confidente de Gülen (un profesor llamado Adil Oksuz). A pesar de su detención junto con la del resto de oficiales que estaban en la base aquella noche, se le liberó bajo circunstancias sospechosas. Los generales que tomaron parte en el golpe eran mayoritariamente aquellos que habían ascendido para reemplazar a los condenados en los juicios de Balyoz. Y uno de los policías purgado por el gobierno por ser Gülenista en 2013 fue capturado dentro de uno de los tanques aquella noche.

La autora Asli Aydıntaşbaş comenta: “Aunque nada de esto apunta directamente al propio Fethullah Gülen, la presencia de sus seguidores en la organización del golpe es difícil de ignorar. En cambio, las historias de los medios occidentales de que el golpe fue orquestado por el gobierno turco no se basan en la realidad”.

 Ignorancia occidental

 Occidente no logra tomarse en serio los reclamos del gobierno turco sobre la organización Gülenista, debido a la visión pro-occidental del grupo y a su forma moderada del islam, así como sus efectivos lobbies en Washington y en la UE. Un congresista que fue a Estambul en 2012 en un tour organizado por una compañía Gülenista describió al grupo en términos resplandecientes como “los anti-mullahs”.

De forma similar, y a pesar de la evidente injusticia de los juicios entre 2009 y 2013, los informes sucesivos de la UE sobre el progreso en el proceso de adhesión de Turquía sólo los denominaban “redes ilegales”, prefiriendo enfatizar la narrativa de una Turquía “reformista”. Parece que para occidente los Gülenistas eran un pequeño precio a pagar por deshacerse de los vestigios del ejército turco en la política.

Las estrambóticas declaraciones del gobierno sobre este grupo refuerzan la percepción occidental de los Gülenistas como una minoría perseguida, llamándoles los illuminati turcos y culpándoles de las protestas de 2013 y del derribo de un jet ruso en 2015.

 Un abismo creciente

La enorme campaña contra todo tipo de críticos del gobierno desde el 15 de julio sólo empeorará este malentendido entre Turquía y occidente sobre la importancia de la amenaza Gülenista. Se han arrestado a unas 10.000 personas por conspiradores del golpe, se han despedido a 100.000 empleados estatales, y se han incautado mil empresas junto con miles de activos, todo esto sin posible recurso a la acción legal. Los objetivos de esta purga incluyen disidentes liberales y kurdos, con el presidente Erdogan utilizando esta ocasión para consolidar su poder, ensuciando su imagen doméstica y en el extranjero.

La autora afirma que: “el gobierno turco tiene el derecho y el deber de defenderse de un movimiento secreto que se ha infiltrado en sus instituciones clave y que supone una amenaza real a la frágil democracia turca. Pero la campaña posterior al golpe parece un golpe en sí misma”.