Aires de reforma en Argelia

Argelia abandona su estancamiento e inicia el camino hacia una transición política y económica

Policy Fellow

A pesar de la especulación generalizada sobre la existencia de una crisis latente a la espera de salir a la luz, Argelia está dando pasos tentativos hacia la apertura de su economía y una paulatina transición política.

En el nuevo informe de ECFR “Deciphering Algeria: The stirrings of reform?”, escrito por Andrew Lebovich, investigador visitante de ECFR, se exploran los retos económicos y de seguridad a los que se enfrenta el país más grande de África. Esta publicación cuestiona la amplia percepción de Argelia como un país estable pero estancado, señalando que el país ha comenzado gradualmente a abrirse.

En el ámbito de la seguridad, Argelia ha incrementado la cooperación con sus vecinos y reforzado su propio aparato de seguridad interna, con el objetivo de responder a amenazas de terrorismo e inestabilidad que proceden del exterior de las fronteras argelinas. La amenaza de este tipo de terrorismo se materializó en el ataque de 2013 en Amenas, que fue supuestamente organizado en el norte de Mali y Libia.

Respecto a su economía, hay una gran aceptación de la necesidad de reformas económicas, ante la amenaza bajo la cual se encuentra el enormemente subvencionado mercado interno argelino debido a la caída en picado de los precios del petróleo. Sin embargo, las propuestas de reforma que hay sobre la mesa han sido retenidas hasta el momento por las propias y complejas dinámicas políticas del país, así como por el miedo extendido a protestas e inestabilidad en caso de una subida de los precios. No obstante, un creciente número de voces discrepantes se está empezando a escuchar en los debates públicos y existe una presión creciente procedente de esas nuevas voces –en el mundo de los negocios y en el gobierno- que intenta forzar la implementación de políticas que prioricen la reducción de la dependencia del petróleo a la que está sometida Argelia.

El informe también apunta al crecimiento de las relaciones entre Argelia y algunos de sus países vecinos en Europa, incluyendo Italia y España. No obstante, lanza una advertencia a la Unión Europea y sus Estados miembros: sus relaciones no pueden estar dirigidas por demandas hacia Argel. En su lugar, se debe trabajar en apoyar la diversificación económica de Argelia y mejorar conjuntamente las infraestructuras de hidrocarburos ya existentes.

El autor, Andrew Lebovich, afirma:

«La Argelia actual resulta demasiado compleja desde fuera. Desde que la Primavera Árabe derribó los gobiernos de Túnez, Libia y Egipto, políticos y analistas dedican más atención a este país, pero tienden a verlo en términos unidimensionales».

«Antes vista como un baluarte de estabilidad en la región, ahora Argelia es a menudo descrita como una fuente de tensión y conflicto latente. Esta situación se da especialmente desde que el precio del petróleo –la piedra angular de la economía argelina– está a los niveles más bajos en más de diez años. Mientras Argelia se enfrenta al riesgo de una crisis económica, el país se ha visto obligado a lidiar con un entorno de seguridad regional cada vez más peligroso».

«La visión de Argelia como un país estancado y camino de una crisis ha eclipsado, no obstante, algunos cambios importantes en la política del país. El gobierno ha tomado medidas significativas para reforzar una economía fuertemente dependiente de los hidrocarburos. Está acercándose a un consenso interno –incluso con los políticos y empresarios más cercanos al gobierno– sobre la necesidad de reformas económicas y políticas, que quizá ayuden a promover la apertura política y económica».