La nueva fobia británica

¿Se acuerda alguien en Gran Bretaña de los días de gloria en los que el nombre “Bulgaria” se usaba para motivar en lugar de para asustar al público de Reino Unido? En mayo de 1999, en medio de la guerra de Kosovo, el primer ministro, Tony Blair, pronunció un discurso en Sofía en el que hizo un llamamiento a una política exterior activa basada en valores. Lo adornó con referencias a la indignación moral de su predecesor William Gladstone por los “horrores búlgaros” de 1876. No pasó mucho tiempo antes de que Bulgaria y Rumanía, que apoyaron la campaña de Kosovo, comenzaran las negociaciones para unirse a la Unión Europea. Leer todo en esglobal.es

ECFR Alumni · Former Senior Policy Fellow

¿Se acuerda alguien en Gran Bretaña de los días de gloria en los que el nombre “Bulgaria” se usaba para motivar en lugar de para asustar al público de Reino Unido? En mayo de 1999, en medio de la guerra de Kosovo, el primer ministro, Tony Blair, pronunció un discurso en Sofía en el que hizo un llamamiento a una política exterior activa basada en valores. Lo adornó con referencias a la indignación moral de su predecesor William Gladstone por los “horrores búlgaros” de 1876. No pasó mucho tiempo antes de que Bulgaria y Rumanía, que apoyaron la campaña de Kosovo, comenzaran las negociaciones para unirse a la Unión Europea.

Ahora, sólo quince años después, esta particular manifestación de la “Cool Britannia ” –como firme defensora de la ampliación de la UE– parece una reliquia extraña. Muchos en el Gobierno de Gran Bretaña, en los medios de comunicación y en la opinión pública están muy ocupados metiendo de nuevo a Bulgaria, y a su vecino rumano, en una caja marcada con las palabras “estereotipo” y “prejuicio”.

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