La deuda rusa, el derecho de Ucrania: cómo usar el dinero de Moscú en su contra
Los cientos de miles de millones en activos rusos congelados deberían prestarse a Ucrania; Moscú sólo recuperaría su dinero si pagase las reparaciones. Europa podría conceder este “préstamo por reparaciones” sin necesidad del permiso de Trump
Ucrania ha recibido alrededor de 100.000 millones de dólares al año en apoyo externo para financiar su resistencia frente a la invasión rusa. Estados Unidos y Europa han asumido en gran medida la factura. Sin embargo, la Administración Trump está recortando ahora su apoyo financiero, y a los países europeos les resultará difícil cubrir ese vacío. Sus presupuestos ya están tensionados y necesitan cualquier remanente disponible para reforzar sus propias defensas.
La solución más evidente es que los europeos utilicen los 300.000 millones de dólares (255.000 millones de euros) en activos soberanos rusos congelados, de los cuales aproximadamente 210.000 millones de euros se encuentran en la Unión Europea. El problema es que la confiscación directa es políticamente inviable, ya que muchos países muestran reparos legales. También les preocupa la reputación de Europa como un lugar seguro para que otros Estados depositen sus reservas. Para ayudar a Ucrania, los europeos deberían encontrar otra forma jurídicamente sólida de emplear esos activos.
Afortunadamente, existe tal alternativa: un “préstamo por reparaciones (de guerra)”. Se trata de una forma de utilizar el dinero de Rusia en su contra, prestándoselo a Ucrania. Moscú solo recuperaría su dinero si pagase una indemnización. El préstamo funciona, en esencia, como un anticipo de la obligación del Kremlin de reparar los daños ocasionados por la invasión.
Esta idea se basa en el llamamiento de la Asamblea General de la ONU para que Rusia pague reparaciones. En respuesta, algunos gobiernos han iniciado negociaciones formales para establecer una comisión de reclamaciones para Ucrania. Prácticamente todos los juristas internacionales que han estudiado el tema coinciden en que Rusia está obligada, conforme al Derecho Internacional, a pagar por los daños cometidos. El problema es que pasarán años antes de que la comisión de reclamaciones emita un fallo, pero Kyiv necesita el dinero ya mismo. Un préstamo por reparaciones permitiría salvar este desfase temporal.
Los activos rusos congelados se utilizarían para conceder préstamos que sólo se reembolsarían si Rusia paga las reparaciones tras el fallo de la comisión de reclamaciones. Desde un punto de vista jurídico estaríamos ante un caso de interrelación: si Moscú cumple sus obligaciones, el préstamo se devolverá íntegramente. Si no, la única parte que resultará perjudicada por ese impago será la propia Rusia.
Una coalición de países dispuestos, tanto europeos como de otras regiones, debería conceder ese préstamo. La UE y el Reino Unido deberían ser miembros clave de dicha coalición. También se podría invitar a unirse al resto de miembros del G7 (Estados Unidos, Canadá y Japón). Si Donald Trump no deseara participar, la coalición debería avanzar sin él. La implicación de Estados Unidos no es crítica, ya que sólo ha congelado alrededor de 5.000 millones de dólares en activos soberanos rusos.
Los países de la coalición podrían seguir los siguientes pasos:
- Los países de la coalición aprobarían legislación habilitante para autorizar estos dos pasos. También ofrecerían una indemnización a los actuales depositarios para cubrir sus riesgos legales.
- Instruirían a los actuales depositarios de los activos, como la cámara de compensación belga Euroclear, para que transfieran el dinero a los nuevos depositarios.
- Estos nuevos depositarios invertirían los fondos en préstamos por reparaciones a Ucrania. Los préstamos se estructurarían como obligaciones de “recurso limitado”, lo que significa que Kyiv solo tendría que devolverlos si Rusia paga las reparaciones. Ucrania cedería su derecho a recibir dichas reparaciones como garantía del préstamo.
Es importante señalar que un préstamo por reparaciones no constituye una confiscación de los activos. Trasladar las reservas a nuevos depositarios es simplemente un cambio de custodia. La Federación Rusa y el Banco Central de Rusia seguirían ostentando la titularidad legal del dinero. Invertir los activos rusos en préstamos por reparaciones tampoco equivale a una confiscación. Moscú seguiría siendo el único titular del interés sobre las inversiones realizadas con su propio dinero.
El Kremlin se quejaría de que sus activos se estén invirtiendo en préstamos a Kyiv en lugar de en activos más seguros. Pero la única forma por la que perdería dinero sería si se negara a pagar los daños de la guerra, una vez que la comisión de reclamaciones dictamine que debe hacerlo. Esto no ocurriría porque alguien hubiese confiscado los fondos, sino únicamente porque no habría cumplido con el pago de las indemnizaciones. Rusia sería, por tanto, la única autora de sus propias pérdidas.
Préstamos con efecto palanca
Para ejercer presión sobre Vladímir Putin los países de la coalición deberían conceder el préstamo por reparaciones en cuotas, suspendiendo los desembolsos únicamente si Moscú pone fin a la guerra.
Para ejercer presión sobre Vladímir Putin los países de la coalición deberían conceder el préstamo por reparaciones en cuotas, suspendiendo los desembolsos únicamente si Moscú pone fin a la guerra. La primera parte debería desembolsarse lo antes posible. Podría utilizarse para reembolsar el préstamo de 50.000 millones de dólares que los países del G7 acordaron conceder a Ucrania el año pasado y que está garantizado con los intereses generados por los activos congelados.
Si el Kremlin acepta un alto el fuego, la coalición debería pausar la concesión de préstamos. Si luego lo rompiese, la coalición debería entonces desembolsar otra cuota. De este modo, cada vez que Putin se resista, una parte cada vez mayor de los activos de Rusia se canalizarían hacia Ucrania.
El tamaño de las cuotas dependería de las necesidades de Ucrania y de qué otras fuentes de financiación estén disponibles para respaldarla. Suponiendo que Kyiv necesite 100.000 millones de dólares al año en apoyo externo, y que los países europeos aporten la mitad con fondos propios, estos 300.000 millones permitirían a Ucrania continuar la lucha durante otros seis años. Hasta que se desembolsen, los fondos deberían mantenerse en fideicomiso en los nuevos depositarios e invertirse de forma prudente, con instrucciones claras sobre cómo, cuándo y con qué finalidad pueden concederse los préstamos por reparaciones.
El mejor desenlace sería que Putin concluyera que no puede ganar una guerra de desgaste y aceptara un acuerdo de paz razonable con Ucrania. Cabe suponer que insistiría en la devolución de los activos rusos congelados como parte de ese pacto, pero con el préstamo por reparaciones, Rusia no podría recuperar sus activos a menos que pagara los daños correspondientes.
Una solución para el problema Orbán
Un préstamo por reparaciones también permitiría sortear el “problema húngaro”. El régimen de sanciones de la UE contra Rusia, incluida la congelación de sus activos soberanos, se renueva cada seis meses y requiere la aprobación de los 27 Estados miembros. El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, cercano a Putin, ha amenazado en varias ocasiones con retirar su apoyo a la renovación de las sanciones. Hasta ahora, otros líderes de la UE han logrado convencerlo de que no lo haga, y el bloque renovó las sanciones por otros seis meses en julio.
Pero la posibilidad de que Hungría pudiese vetar una prórroga de la congelación de activos sigue siendo una espada de Damocles que podría sumir en el caos la política de sanciones de la UE. El préstamo por reparaciones evitaría este problema. Una vez que los activos rusos se hubieran destinado a préstamos, dejaría de importar que se descongelaran, ya que solo se reembolsarían si el Kremlin pagase las indemnizaciones a Kyiv.
Por si acaso
Rusia solo debería perder su dinero si se niega a pagar las reparaciones. Por ello, los gobiernos promotores tendrían que prever diferentes escenarios: que la comisión de reclamaciones no concluyese su trabajo, que no fallase a favor de Ucrania (por ejemplo, considerando que la invasión rusa fue legal), o que la indemnización concedida fuese inferior al préstamo por reparaciones (a pesar de que el coste estimado de reconstruir Ucrania alcanzaran los 524.000 millones de dólares a finales de 2024).
Los gobiernos promotores podrían proteger tanto a los depositarios actuales como a los nuevos frente a cualquier pérdida que pudieran sufrir como resultado de su participación en el préstamo por reparaciones. También podrían asegurar a Bélgica, donde se encuentra la mayor parte de los activos, de que no asumiría riesgos desproporcionados. Estos gobiernos sólo tendrían que desembolsar fondos si se produjesen estos escenarios poco probables, por lo que no contarían como parte de su deuda ni de sus déficits públicos.
Hacer bien el cálculo político
Muchos analistas han defendido la incautación de los activos rusos para entregárselos directamente a Ucrania. Sin embargo, Alemania, Francia y Bélgica no estarían de acuerdo con ello. En parte, porque dudan de que dicha confiscación sea legal. También les preocupa que otros inversores soberanos, como China, puedan trasladar sus activos fuera de la Eurozona al dudar sobre su seguridad.
Un préstamo por reparaciones tiene muchas más posibilidades de salir adelante, ya que no implica una confiscación. Al fin y al cabo, la coalición de gobierno alemana está comprometida a explorar, junto con sus aliados, formas de utilizar los activos rusos para apoyar a Ucrania. Por su parte, Bélgica estaría satisfecha si los activos rusos se retiraran de Euroclear, siempre que también se eliminaran los riesgos asociados. El préstamo por reparaciones logra precisamente eso.
También es complicado ver por qué un préstamo por reparaciones podría perjudicar al euro. China no ha movido sus activos a pesar de que el G7 ha declarado que las reservas rusas permanecerán congeladas hasta que Moscú pague las reparaciones. No es que Pekín vaya a cambiar sus euros por rublos o rupias si Europa concede un préstamo por reparaciones. Tampoco tendrá mucho interés en pasarlos a dólares, dado que Trump está haciendo un buen trabajo deteriorando el estatus del dólar estadounidense como moneda de reserva.
El destino de Ucrania está entrelazado con el de Europa. Con el apoyo transatlántico en entredicho, los europeos necesitan hacer algo significativo para ayudar a Kyiv sin depender del visto bueno de Trump. Un préstamo por reparaciones podría ser la acción más decisiva y eficaz que pudieran emprender.
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