En solitario: Cómo Europa puede contrarrestar las amenazas híbridas en una era postransatlántica
EEUU se está retirando de su histórico reconocimiento compartido de amenazas y de compromiso multilateral con Europa. Ahora, la UE debe enfrentarse en solitario a la intensificación de la agresión híbrida de Rusia, mientras refuerza su propia resiliencia
La guerra híbrida rusa ha alcanzado el corazón de la UE. Un informe del Dutch Military Intelligence and Security Service reveló que, el año pasado, los Países Bajos vivieron su primer gran intento de ciberataque contra un servicio público. La agencia también descubrió una operación cibernética rusa dirigida a infraestructuras críticas, posiblemente como preparación para un ataque futuro. Mientras tanto, el mar Báltico se enfrenta a una creciente actividad de sabotaje en los cables submarinos de Internet, gas y electricidad que conectan los países europeos entre sí.
En una escalada similar, el primer ministro polaco, Donald Tusk, confirmó que el incendio que destruyó en 2024 el mayor centro comercial de Varsovia fue en realidad un ataque incendiario ordenado por Rusia, con altas posibilidades de ser parte de un patrón más amplio, incluyendo un incidente parecido en Vilna. Estos acontecimientos muestran el creciente alcance operativo de las tácticas híbridas de Rusia: combinan amenazas cibernéticas, sabotajes físicos e influencia encubierta para socavar la seguridad europea, así como para explotar vulnerabilidades sistémicas y erosionar la confianza pública en las instituciones políticas de Occidente.
Además, con la guerra en Ucrania acercándose a un momento crucial, Rusia no hará sino intensificar sus campañas en Europa. Para el Kremlin este tipo de actividades disruptivas ofrece un alto retorno de la inversión inicial: más allá de la aplicación de sanciones, la UE dispone de unas capacidades de represalia limitadas. Esta dinámica se ve agravada por el hecho de que EEUU, el que fuera el principal actor transatlántico en la financiación, dotación de recursos y proyección de poder blando para combatir la guerra híbrida, está dando un paso atrás en su imperativo defensivo. De hecho, al minar su propia relevancia, EEUU se borra como elemento disuasorio clave.
Por el interés europeo
La prolongada dependencia de Europa de la cooperación transatlántica para su propia seguridad se ha convertido en una vulnerabilidad estructural. A medida que la política interna estadounidense se aleja del multilateralismo, el país americano está dejando de financiar o desmantelando instituciones que, en su día, sustentaron los esfuerzos conjuntos para contrarrestar operaciones de influencia, como la USAID y el Global Engagement Center. La paralización del Consejo de Comercio y Tecnología UE–EEUU, concebido entonces como piedra angular de la cooperación digital, subraya aún más el retroceso de Washington. Estos mecanismos habían facilitado previamente una coordinación basada en el reconocimiento compartido de la necesidad de contrarrestar amenazas híbridas, representando la voluntad política de actuar en defensa de intereses mutuos.
Actualmente ese consenso se está resquebrajando bajo la segunda administración Trump, cuya postergación de la cooperación multilateral y de las alianzas tradicionales está debilitando la respuesta colectiva a las amenazas híbridas. Además, la proximidad geográfica de Europa a Rusia y sus interdependencias, a menudo unilaterales (por ejemplo, la dependencia europea de los recursos energéticos rusos y la existencia de voces prorrusas en la UE), convierten las tácticas híbridas actuales y futuras en algo mucho más perturbador dentro de la Unión que en EEUU.
En respuesta a ello varios líderes europeos están recalibrando sus posiciones. El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha subrayado la urgencia de defender las infraestructuras digitales y las instituciones democráticas de Europa, aunque descartaba los temores de que tropas rusas pudieran “cruzar los Pirineos”. Por su parte, el primer ministro neerlandés, Dick Schoof, ha expresado abiertamente su convicción de que la amenaza rusa va más allá de Ucrania y se manifiesta, cada vez más, de forma híbrida. Asimismo, el presidente finlandés, Alexander Stubb, ha instado a ejercer más presión sobre Rusia para que Ucrania no replique el caso de Finlandia, que perdió territorio. De hecho, ha sido Finlandia la que ha aprobado recientemente una ley que prohíbe la adquisición de bienes inmuebles por parte de extranjeros, ante el riesgo de sabotaje o espionaje.
Los gobiernos europeos han llegado a la conclusión de que deben prepararse para un entorno de seguridad en el que la alineación con EEUU no esté garantizada. En ausencia de un compromiso fiable por su parte los líderes europeos están revisando sus evaluaciones de amenazas y avanzando hacia esquemas que promuevan una mayor autonomía estratégica con respecto a EEUU. Aunque la consecuencia de las decisiones estadounidenses comporte un vacío de liderazgo y una pérdida de propósito conjunto, para la UE supone tanto un desafío como una oportunidad.
En este contexto, la propia UE ha puesto en marcha un ambicioso plan para ampliar el intercambio de información y profundizar la coordinación interna; medidas que se alinean con el Libro Blanco sobre Defensa Europea y su llamado a cerrar las brechas estratégicas de capacidades.
Confrontando las amenazas híbridas
El reto consiste en desarrollar capacidad institucional, tecnológica y geopolítica para resistir las operaciones maliciosas de influencia y las campañas de sabotaje sin depender de la coordinación o el apoyo de EEUU. Así, la oportunidad radica en forjar una doctrina de resiliencia propiamente europea, que considere la infraestructura y la seguridad digital e informativa como elementos integrales de su soberanía, su legitimidad democrática y la competitividad global.
Ante el repliegue de EEUU en el liderazgo compartido en materia de seguridad, la UE debe combinar ambición con capacidad, lo que exige una actuación audaz y concreta. Las siguientes prioridades pueden ayudar a Europa a afrontar las amenazas híbridas de forma más eficaz:
- Aprovechar el Instrumento de Vecindad, Desarrollo y Cooperación Internacional, para financiar infraestructuras resilientes y fomentar la creación de capacidades contra amenazas híbridas en los países socios en primera línea, especialmente aquellos vulnerables a operaciones de información y a interrupciones de energía.
- Reforzar la independencia operativa y el mandato del Hybrid Centre of Excellence (CoE) de Helsinki, garantizando que pueda actuar más allá de las cambiantes percepciones transatlánticas sobre las amenazas, sirviendo como punto de referencia para el análisis de riesgos y el diseño de respuestas impulsadas por la UE.
- Establecer en España un Centro de Excelencia en Amenazas Híbridas para el Mediterráneo Sur, dedicado a contrarrestar las operaciones de influencia en ecosistemas de habla hispana, incluidos actores latinoamericanos y entidades afines al Kremlin. Esto cubriría el vacío estratégico que deja la creciente inversión rusa y la disminución del compromiso estadounidense en la región.
- Ampliar la presencia e influencia de la UE en regiones de alto riesgo, como el Sahel, empoderando a la sociedad civil local y a los medios de comunicación independientes para mejorar el acceso a información fiable y reducir así la vulnerabilidad a la manipulación externa. Esta región sigue siendo clave en las políticas europeas de migración y seguridad, pilar esencial de la resiliencia frente a tácticas híbridas adversarias.
- Liderar el desarrollo de estándares internacionales de atribución y marcos normativos, basándose en iniciativas como el marco DISARM. Coordinarse con socios como Canadá, Japón y Estados de Latinoamérica y el Caribe para establecer normas claras de identificación y respuesta a las amenazas híbridas.
- Materializar la autonomía estratégica, haciendo cumplir las herramientas legislativas existentes, en particular la Ley de Servicios Digitales, la Ley de Mercados Digitales y la Ley de Inteligencia Artificial. Se debería invertir en capacidades soberanas para la UE en ciberdefensa, en comunicaciones seguras y resiliencia del ecosistema informativo.
Solos, juntos
Lo anterior es más que una deriva burocrática transatlántica. Refleja una desalineación geopolítica más profunda: un discurso antagonista marcado por la negación estratégica donde las narrativas conspirativas y la parálisis ideológica están configurando los panoramas político y mediático en EEUU. Si bien persiste cierta cooperación transatlántica (como los intercambios continuos en ciberseguridad e inteligencia a través de la OTAN), la fragmentación política y la decisión de la administración Trump de enmarcar los esfuerzos de lucha contra la desinformación como un ataque a la libertad de expresión empiezan a superar estas iniciativas.
Sin embargo, en Europa los asuntos relativos al gasto en defensa, a la aplicación de sanciones y al uso de activos congelados, así como cuestiones como la adhesión de Ucrania a la UE, una disuasión nuclear más amplia o la implicación estadounidense en la seguridad europea siguen siendo temas muy divisorios. Para los europeos la postura de EEUU debilita su credibilidad para contrarrestar las amenazas híbridas rusas y diluye su capacidad de liderar esfuerzos conjuntos de atribución o disuasión. Igualmente, es una señal de que es probable que siga disminuyendo aún más la financiación de iniciativas multilaterales, dejando a los actores europeos expuestos y con recursos insuficientes.
*
El debilitamiento de la cooperación transatlántica está exacerbando la peligrosa escalada de la guerra híbrida de Rusia contra Europa. No obstante, la UE también tiene la oportunidad de transformar la creciente inestabilidad en resiliencia: aprovechando los instrumentos existentes, estableciendo centros regionales de especialización y liderando el desarrollo de estándares de atribución. De tener éxito, este enfoque ayudaría a proteger las democracias e infraestructuras europeas, situando a la UE (y no a EEUU) como líder mundial frente a las amenazas híbridas.
El Consejo Europeo de Relaciones Exteriores no adopta posiciones colectivas. Las publicaciones de ECFR solo representan las opiniones de sus autores individuales.