Cómo superar el cisma de seguridad Este-Sur

En el peligro se conoce al amigo. Y las garantías de seguridad - y la OTAN, guste o no, es la central en Europa- son una prueba de amistad, como un seguro de vida que nadie quiere utilizar, pero que está ahí, por si acaso. El problemático refuerzo del flanco oriental de la OTAN (re-pivot) va a tensar aún más este principio y la idea de una Europa política, con seguridad compartida. Al igual que la crisis del euro ha acentuado las divisiones entre europeos de primera (acreedores, que imponen las normas) y de segunda (deudores, que las sufren), las crisis de seguridad muestran que a veces hay aliados de primera y aliados de segunda. Leer todo en El Mundo

ECFR Alumni · Head of ECFR Madrid Office & Policy Fellow

En el peligro se conoce al amigo. Y las garantías de seguridad – y la OTAN, guste o no, es la central en Europa- son una prueba de amistad, como un seguro de vida que nadie quiere utilizar, pero que está ahí, por si acaso. El problemáticorefuerzo del flanco oriental de la OTAN (re-pivot) va a tensar aún más este principio y la idea de una Europa política, con seguridad compartida.

Al igual que la crisis del euro ha acentuado las divisiones entreeuropeos de primera (acreedores, que imponen las normas) y de segunda (deudores, que las sufren), las crisis de seguridad muestran que a veces hay aliados de primera y aliados de segunda. A los nuevos miembros del Este, para no alterar a un fácilmente alterable Kremlin, les damos largas a la hora de albergar fuerzas OTAN. No con poca razón, piden medidas de disuasión más tranquilizadoras que las hoy planteadas. Si la crisis del euro se siente diferente en Atenas o Madrid que en Berlín o Helsinki, los movimientos hostiles de Rusia pesan más en Vilna o Tallin que en las soleadas terrazas de Madrid o Roma.

Hay pues un cierto cisma Este-Sur. Los países europeos del sur comparten con los del Este y centro de Europa la impresión de que socios y aliados descuidan su propia seguridad. Con recursos escasos y una política colectiva cada vez más enrevesada, el Sur teme que este repivot al Este perjudique la atención al Norte de África, Sahel y Oriente Medio. Esta agenda Sur incluye cuestiones tan dispares como la inestabilidad de las revueltas árabes, presiones migratorias, el 'yihadismo' yestados fallidos en el Sahel; cuestiones que precisan respuestas dispares en torno a las tres D (diplomacia, desarrollo y defensa). Pero eso pesa menos que 40.000 tropas rusas cerca de casa o la invasión (magistral) de parte de un país vecino.

'Diplomacia de media noche'

Los europeos abordan sus cismas concompromisos parciales, con no poco esmero. Pero no basta la sufrida 'diplomacia de media noche' en la cumbre de turno y acuerdos de mínimos. Y tampoco es solución en el mundo actual una vuelta a lo nacional ni ahondar en ejes que profundizan la fragmentación política de Europa y nuestra debilidad colectiva.

Necesitamos nuevos compromisos en aras de la seguridad común. Y superar, en lo posible, diferencias, conciliando intereses dispares y reforzando solidaridades mutuas. Tres propuestas son básicas.

Primero, lanzar un hoy por hoy inexistente diálogo estratégico Este-Sur. En España, conocemos poco y prejuzgamos mucho a nuestros socios del Este. A su vez, algunos de ellos son poco dados a la diplomacia de compromisos. Este diálogo estratégico reforzaría los actuales foros mixtos (como el Triángulo Weimar Plus, que incluye Francia, Alemania, Polonia, Italia y España), y permitiría más inclusión en las iniciativas respectivas.

Segundo, una mayor cooperación diplomática y militar Este-Sur, empezando por países clave como Polonia y España, sobre la base de algunas sinergias diplomáticas hispano-polacas (visitas conjuntas a países como Georgia y del norte de África, en apoyo a objetivos europeos), y profundizando en la ya significativa participación de nuestros socios en las misiones UE en Sahel.

Tercero, en un mundo globalizado,la seguridad propia también implica cuidar mejor la ajena -y la historia nos enseña los riesgos de descuidar las amenazas a nuestros socios. Esta nueva agenda Este-Sur requeriría compromisos y garantías mutuas, parte de una solidaridad menos retórica y más real. En vez de tanto tratar con condescendencia a los países del Este, en la comodidad de la distancia (y mostrar tanta comprensión ante cada exceso ruso),países como Italia y España tienen que comprometerse más en la seguridad de nuestros socios del Este -lo que, de paso, ayudaría a templar los ánimos. A su vez, la Alianza y Europa en su conjunto tienen que asumir que el 'flanco sur' no es un problema sólo de Roma, Madrid o París, sino de todos.