10 consecuencias globales de la crisis en Ucrania

¿Cuáles serán las consecuencias globales de la crisis en Ucrania? Los expertos de ECFR analizan los 10 posibles efectos con mayor impacto

Las acciones de Rusia -y la respuesta de Occidente- no van a desembocar en la destrucción del actual orden internacional, pero podrían acelerar el proceso. En las últimas décadas las potencias occidentales se han beneficiado de una arquitectura internacional que ellas mismas diseñaron y dirigieron. Aunque potencias emergentes como Brasil, China e India no han abolido estas instituciones globales, no les gusta el modo con el que Occidente las ha utilizado para perseguir sus propios intereses. Por ello, están eludiéndolas cada vez más a través de acuerdos bilaterales, al tiempo que estas potencias se coaligan dentro de ellas para difuminar el sesgo liberal de sus reglas y acuerdos. Si ahora Occidente trata de emplear estas instituciones para actuar no sólo contra Irán y Corea del Norte, sino también contra Rusia, un miembro permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, podría encontrarse con que provoca el revisionismo en lugar de disuadirlo.

Las acciones de Rusia -y la respuesta de Occidente- no van a desembocar en la destrucción del actual orden internacional, pero podrían acelerar el proceso.

“El mundo nunca volverá a ser el mismo”, dijo el Presidente del Consejo Europeo, Herman van Rompuy, tras los sucesos en Crimea, evocando un despertar geopolítico en el mismo corazón de Europa. Hasta ahora la crisis se ha circunscrito a Ucrania en lugar de propagarse por todo el espacio post-soviético o poner a la economía mundial en jaque. Pero, ¿cuáles serán las consecuencias globales de la crisis en Ucrania a largo plazo? Esta es la pregunta que hemos intentado responder basándonos en el expertise de todos los programas de ECFR, recogiendo aquí los 10 posibles efectos con mayor impacto.

Nuestras conclusiones se enmarcan en una discusión más amplia sobre el orden global que precede a la crisis en Ucrania. Desde el final de la Guerra Fría, el mundo se ha beneficiado de dos órdenes: un orden de seguridad liderado por Estados Unidos que ha garantizado un equilibrio de poder en cada región y un orden legal impulsado por Europa que ha tratado de establecer las normas para nuestro mundo interdependiente, en ámbitos que van desde el libre comercio a las emisiones de gases a la atmósfera, las transacciones financieras y la prevención de genocidios. En el fondo de la crisis en Ucrania subyace la desintegración del orden de seguridad norteamericano, como consecuencia del auge de las potencias no occidentales y el reajuste de la política exterior de Estados Unidos tras una década de guerra. De manera creciente parece que Occidente intenta compensar su falta de voluntad a emplear el poder militar “armando” el orden legal internacional; esto es, usando sanciones financieras, el congelamiento de activos y el derecho internacional para condicionar las opciones de los poderes revisionistas.

De manera creciente parece que Occidente intenta compensar su falta de voluntad a emplear el poder militar “armando” el orden legal internacional.

Rusia y Vecindad Europea

1. Tensiones crecientes en Rusia. En el futuro la anexión de Crimea podría verse como un punto de inflexión para la propia Rusia, pues ha intensificado las presiones políticas y económicas internas que el régimen autoritario de Putin ya estaba padeciendo. Esto ha creado una olla a presión doméstica, que podría derivar rápidamente en un autoritarismo en toda regla o en el colapso del régimen. El resultado final sigue siendo hoy una incógnita para todos.  

2. Un claro desafío al orden europeo. Con la anexión de Crimea y su intervención en Ucrania, Rusia ha cuestionado los principios que sustentan el orden europeo. Rusia siempre se ha opuesto al principio de que los países son libres para elegir sus alianzas y ha tratado de forma constante, aunque con frecuencia de manera encubierta, de boicotear la ampliación de la OTAN hacia su vecindario. Pero ahora Putin está desafiando estos principios de manera abierta. Rusia quiere restaurar y relegitimar las esferas de influencia como un principio vertebrador del orden europeo. Se trata de un desafío directo a Europa y a Occidente. Aunque algunos países podrían estar dispuestos a aceptar de forma implícita la visión rusa sobre este orden, ninguno puede permitirse hacerlo explícitamente. Hoy parece aún menos probable que antes que Rusia acepte un orden liderado por Occidente. 

Derecho internacional

3. Disputa por las normas internacionales. El derecho internacional está en cuestión. Las acciones de Rusia bajo el liderazgo de Putin representan un ataque a las ideas occidentales del orden internacional en dos niveles. En primer lugar, Putin desafía la base de principios de la política occidental, afirmando que Estados Unidos y Europa solo aparentan respetar el derecho internacional, pero están dispuestos a actuar fuera de esa legalidad cuando sus intereses están en juego, citando los casos de Kosovo, Irak y Libia. En segundo lugar, Putin expone una visión esencialmente iliberal del orden mundial que él considera más realista, basada en las esferas de influencia, la oposición al apoderamiento popular y la preferencia por los grupos nacionales o lingüísticos propios. En cada caso, una oposición directa a las ideas occidentales del orden liberal.

4. Occidente pierde al Resto. A pesar de que el uso de la fuerza por parte de Rusia para anexionarse un territorio establece un precedente que amenaza con provocar un desorden generalizado, el mundo todavía no ha apoyado Occidente. El gran número de abstenciones en la votación de la Asamblea General de la ONU muestra que muchos países perciben esta crisis como una confrontación entre bloques de poder, no como una cuestión fundamental del orden internacional, y no aceptan el papel que Occidente se ha adjudicado a sí mismo como guardián del orden liberal. El “Resto” –es decir, los países no occidentales– consideran preocupantes algunas de las acciones llevadas a cabo por Putin, pero su visión de un orden liberal respaldado por Occidente va unida a la convicción de que Occidente goza de una injustificada posición de privilegio en el sistema internacional. Deberíamos rechazar cualquier equivalencia entre las acciones controvertidas de Occidente y la acción rusa en Ucrania, pero también es preciso fortalecer las bases internacionales de la visión liberal.

Oriente Medio y Norte de África

5. El principio del fin de las sanciones. Desde Libia a Irak y, más recientemente, Irán, donde las sanciones continúan vigentes, los adversarios de Occidente en Oriente Medio han experimentado los peores efectos de las rondas de punitivas sanciones económicas lideradas por Estados Unidos. La crisis en Ucrania puede suponer el principio del fin de las sanciones económicas como el instrumento preferido del actual poder coercitivo de Estados Unidos. Sancionar a Rusia, la novena economía mundial, puede suponer el mismo tipo de sobreesfuerzo en términos de coerción económica que supuso la guerra de Irak en la esfera militar. Se espera así un aumento de esfuerzos por parte de la “alianza de los amenazados” para desarrollar mecanismos que ayuden a sortear las sanciones (sistemas de pagos bancarios, reservas de divisas) y blindarse así ante la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro norteamericano. Esto tendrá repercusiones en Oriente Medio y más allá. Y Europa también podría cuestionar la conveniencia de verse tan expuesta a las predilecciones del Tesoro estadounidense, tal como evidencia la situación actual con BNP Paribas. 

6. En busca de energía en Oriente Medio y el Norte de África. Cualquier estrategia europea que pretenda reducir la dependencia energética con Rusia tendrá que considerar inevitablemente a Oriente Medio. Junto con las fuentes existentes en Argelia y en los estados del Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo, la crisis en Ucrania podría hacer más atractivo que nunca el sancionado mercado energético de Irán, promoviendo así la competición entre Rusia e Irán en lugar de la cooperación. Otra alternativa para Europa sería redirigir su atención a Libia y sus potenciales 1.6 millones de barriles diarios, o buscar nuevas oportunidades en el Kurdistán, sobre todo, si se consideran las nuevas opciones de transporte a través de Turquía. Las perspectivas de un viraje energético serio hacia Oriente Medio pueden ser tan inciertas como tentadoras, pero deberían estar en la agenda europea.

Asia y China

7. Los países asiáticos están compitiendo para cortejar a Putin. En un momento en que aumentan las tensiones en Asia, muchos países de la región están tratando de fortalecer sus alianzas estratégicas con potencias extranjeras. A pesar de sus acciones en Ucrania, incluso aliados occidentales en Asia han continuado cortejando a la Rusia de Putin. Por ejemplo, el primer ministro japonés, Shinzo Abe, ha hecho guiños a Rusia porque busca un acuerdo territorial sobre las cuatros islas que Tokio y Pekín reclaman, y no quiere que Rusia acabe decantándose por el lado chino. De manera similar, Corea del Sur está tratando de lograr el apoyo de Moscú en lo que concierne a Corea del Norte. En comparación, los europeos no tienen en Asia la influencia que les permitiría la plena cooperación de los países asiáticos en asuntos como el de Crimea y Ucrania.

8. Asia aborrece la intervención occidental incluso más que la autodeterminación. Dado que muchos países asiáticos están preocupados por sus propias regiones secesionistas, podría pensarse que éstos se opondrían a la anexión rusa de Crimea. Pero la crisis de Ucrania ilustra hasta qué punto la intervención de Occidente les preocupa todavía más. Si se les da a elegir entre autodeterminación y respetar la soberanía como algo sagrado, Asia casi siempre elige la última opción. Incluso India, que debería preocuparse sobre cualquier referéndum de secesión debido al asunto de Cachemira, y especialmente China, que ve la oportunidad de lograr el apoyo de Rusia en sus disputas territoriales.

Unión Europea

9. Unidad europea en la escalada de tensión. En el pasado las relaciones con Rusia eran la cuestión más divisiva de la política exterior europea. Pero la UE ha mantenido la cohesión en su respuesta a la agresión de Putin con sanciones limitadas, apoyo económico y político al nuevo liderazgo ucraniano y el mantenimiento de canales diplomáticos con Rusia. Polonia y los países bálticos deseaban una respuesta más audaz, pero transigieron en favor de la unidad europea. La reciente decisión del gobierno búlgaro de suspender la construcción del gaseoducto South Stream muestra que la presión de la Comisión Europea está funcionando. Además, Europa todavía posee el arma de destrucción masiva que le permite influir a Rusia: el acceso a su sector financiero. La UE tiene que trabajar en cómo perfeccionar este arma y en cómo utilizarla para la disuasión.

 10. El riesgo de desunión en la de-escalada. Sin embargo, la crisis también ha demostrado que esta unidad ha sido tan valiosa como frágil y huérfana de liderazgo. Más importante todavía, ni el Triángulo de Weimar ni el Grupo Visegrad (dos formatos que podrían ser eficaces para la gestión de crisis y la estrategia a largo plazo hacia los países del Partenariado Oriental y Rusia) han sido eficientes. Es cierto que muchos de los países más involucrados con anterioridad en la política oriental de la UE (Polonia, Alemania, Eslovaquia, República Checa, Hungría) han logrado ponerse de acuerdo en ciertos aspectos para hacer frente a los acontecimientos en Ucrania. Pero continúan divididos en los asuntos de largo alcance que definirán la política de la UE en el futuro: sobre todo, en cuanto a una posible unión energética y lecciones extraídas del fracaso de la Cumbre de Vilna. Lecturas diferentes de los errores que la UE cometió en su política hacia sus socios orientales (“mala comunicación de esta política a Rusia” versus “oferta insuficiente a Ucrania”) pueden hacer que el actual consenso sea difícil de mantener.

 

Puedes leer la versión original del artículo y escuchar el debate durante la Reunión del Consejo de ECFR celebrada en Roma aquí (en inglés)

Escucha el análisis de Borja Lasheras sobre la crisis en Ucrania y sus consecuencias: