Rescue plans

The economic crisis has highlighted the lack of respect member states have for the European Commission

Head, ECFR Madrid
Senior Policy Fellow

The European Union may be currently going through a sticky patch, but it is still enormously important. European institutions have served as a breakwater for the brunt of this crisis, something which shouldn’t be underestimated when we look at what is happening in European countries outside the EU, from Iceland through to Ukraine, two entirely different countries identical only in their state of outright bankruptcy. It is also worth considering the situation in those EU States outside the Euro, which is also very serious due to Governments, banks, businesses, and everyday citizens having taken out enormous loans in Euros, but earning money in national currencies which have since been devalued. Without the strength provided by the single currency and the single market our economies would have suffered tremendously.

Still, the rules and controls guaranteeing the integrity of the internal market and the functioning of the single currency have been blown out of the water in the last few months. All too frequently of late, the European Commission has been ignored, with Governments announcing substantial public aid packages (something prohibited under the Treaties to preserve equal competition) straight to the press without first going through Brussels, as well as hiking public sector borrowing way above permitted levels without discussing how the money is to be spent and repaid with the European Commissio. The lack of solidarity between States has been flagrant, as has been highlighted by the saga surrounding the car industry and, the icing on the cake, the negotiation (more like a case of every man for himself) between the German government and General Motors over Opel. Besides, whenever the Commission has tried to intervene in the design of national stimulus plans, it has been brushed aside with remarkable brusqueness by member states.

This crisis hasn’t led to a banking panic and a mass withdrawal of deposits, or to huge street demonstrations against governments and markets on account of their negligence in allowing the financial bubble to develop. What we have seen are governments panicking, improvising measures with little point to them other than to get through from one day to the next, with no thought for long term repercussions. Is the maturity of our citizens and the immaturity of our governments one of the lessons to be drawn from the downturn?

Within the EU, the feeling of relief has been such that many would settle for patching up the wounds opened in the internal market and stability pact to simply stay afloat. But that isn’t enough. The impact of the crisis parried, Europe has been incapable of going on the offensive. For this to happen, an in-depth debate leading to the creation of the most efficient instruments of economic governance to ensure the prosperity and well-being of all EU citizens is essential. The creation of a European Treasury, establishing the right financial regulation and supervision mechanisms, and rationalizing EU representation in international institutions, should all be absolute priorities.

We could blame the European Commission for not leading us out of the crisis, but that would be unfair. It’s true that the Barroso Commission has been too servile with Governments, but the phenomenon goes much deeper than that. An inconvenient truth exists in the continent which many refuse to admit; in Berlin and Paris, and of course London too, though sometimes Madrid and many other European capitals as well, the Commission is perceived as an obstacle to be overcome, a source of limitations to national interests, not an opportunity to bring them about. Something in the common EU psychology has broken down since 2004, and we need to talk about it, not hide it; few countries now trust the Commission as an instrument to defend their interests. These days, for the big States, the European Commission is there to bend to their will, while for the smaller ones it is simply to be avoided, deceived or ignored. The Schuman declaration said that Europe will not be made all at once or according to a single plan, but what we’re witnessing these days is the dismantling of Europe, as silent as it is cynical. There can be no doubt about it, the real rescue plan we need is one which saves Europe from these Governments. [email protected]

This article was published in El País on 29 June 2009. 

(English Translation)

Translated from Spanish by Douglas Wilson

Planes de rescate

La Unión Europea puede estar de capa caída, pero sigue siendo enormemente relevante. Las instituciones europeas han sido el malecón que han parado el embate más fuerte de la crisis, lo que no es poco si se piensa en lo que les está ocurriendo a aquellos países europeos que están fuera de la UE, desde Islandia a Ucrania, dos países completamente distintos que están en tan idéntica como completa bancarrota. También conviene observar, aunque sean miembros de la UE, la situación en aquellos Estados que no son miembros de la unión monetaria, que también es de enorme gravedad ya que Gobiernos, bancos, empresas y ciudadanos se han endeudado en euros pero generan sus ingresos en unas monedas nacionales que se han devaluado. Por tanto, sin la fortaleza otorgada por la moneda única y el mercado interior, nuestras economías habrían sufrido enormemente.

Eso sí, muchas de las normas y controles que garantizan la integridad del mercado interior y el funcionamiento de la moneda común han saltado por los aires. En estos últimos meses, la Comisión Europea ha sido ninguneada con demasiada frecuencia, con Gobiernos que han anunciado directamente a la prensa cuantiosas medidas de ayudas públicas (prohibidas por los Tratados para no distorsionar la competencia), sin pasar por Bruselas, o incrementando los niveles de déficit público muy por encima de lo permitido sin tampoco discutir primero con la Comisión Europea el contenido y las modalidades de dichas medidas. Como ha puesto de manifiesto toda la saga en torno al sector del automóvil, cuyo broche de oro ha sido la negociación (en realidad, sálvese quien pueda) entre el Gobierno alemán y General Motors en torno a Opel, la falta de solidaridad entre Estados miembros ha sido flagrante. Y cuando la Comisión ha intentado intervenir en el diseño de planes de estímulo nacionales, los Estados miembros la han empujado a un lado con singular rudeza.

Finalmente, en esta crisis no hemos visto pánicos bancarios que llevaran a retiradas masivas de depósitos; tampoco hemos asistido a protestas ciudadanas masivas contra la negligencia con la que Estados y mercados dejaron crecer la burbuja financiera, pero sí hemos visto pánicos gubernamentales, con Gobiernos improvisando medidas sin mucho sentido más que salvar el día a día y sin pensar en las repercusiones a largo plazo. ¿Será una lección de esta crisis la madurez de los ciudadanos y la inmadurez de nuestros Gobiernos?

Dentro de la UE, la sensación de alivio ha sido tal que muchos se conformarían con restañar las heridas abiertas en el mercado interior y el pacto de estabilidad y seguir a flote. Pero eso no es suficiente. Una vez parado el golpe de la crisis, Europa ha sido incapaz de pasar a la ofensiva. Por eso, es imprescindible un debate en profundidad que nos lleve a diseñar los instrumentos de gobernanza económica más eficaces para asegurar la prosperidad y el bienestar de todos los ciudadanos de la Unión Europea. La creación de un Tesoro Europeo, la puesta en marcha de mecanismos de regulación y supervisión financiera adecuados o la racionalización de la representación de la Unión Europea en las instituciones internacionales debiera ser una prioridad absoluta.

Podemos echar la culpa a la Comisión Europea por no haber liderado la salida de la crisis, pero sería injusto. Cierto que la Comisión Barroso ha sido demasiado servil con los Gobiernos, pero el fenómeno es mucho más profundo. Hay una verdad incómoda que muchos se niegan a admitir: en Berlín, París y Roma, por supuesto en Londres, también a veces en Madrid y en muchas otras capitales europeas, la Comisión es percibida como un obstáculo a superar, una fuente de limitaciones a la hora de satisfacer los intereses nacionales, no como una oportunidad de lograrlos. Algo se ha quebrado en la psicología comunitaria y debemos hablar de ello, no ocultarlo: pocos confían hoy en la Comisión como instrumento para defender sus intereses. Para los Estados más grandes, la Comisión Europea es hoy alguien a quien doblegar; para los Estados más pequeños, es simplemente alguien a quien intentar eludir, engañar o ignorar. Europa, se dijo en la declaración Schuman, no se hará de una sola vez, ni será una construcción de conjunto: pero a lo que estamos asistiendo estos días es a un tan silencioso como cínico desmantelamiento. No hay duda, el verdadero plan de rescate que necesitamos es el que rescate a Europa de estos Gobiernos.

Publicado en El País el 29 de Junio de 2009

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Head, ECFR Madrid
Senior Policy Fellow

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