A glass half full

The Western Balkans are taking steps towards reconciliation, but there is still a long way to go. At the current rate of progress the chances of these countries joining the EU by 2020, as some hope, are slim. Is the glass half full, half empty - or simply too big for Balkan leaders to fill?

Head, ECFR Madrid
Senior Policy Fellow

I have recently returned from an intense trip to Sarajevo, where a meeting organised by the Spanish presidency of the European Union took place between EU and Balkan foreign ministers.

For those who see the glass half full, the past six months have been the best the region has seen in the past 20 years. Although the doors of Europe have not opened completely, the lifting of visa restrictions on Macedonia, Serbia and Montenegro, which will soon apply to Bosnia, Albania and eventually Kosovo, have opened the windows to Europe and let in a breath of fresh air.

Croatia is about to conclude negotiations to join the EU, which will be an important signal to the whole region, refuting the idea of an EU “tired”with successive enlargements, reluctant to comply with promises it made ten years ago. Meanwhile, there are hopes that Serbian and Kosovan leaders could soon start direct talks aimed at normalising relations between their countries and improving the lives of their citizens. Thankfully, incidents of inter-ethnic violence are now extremely rare.

The Serbian parliament recently passed a resolution that recognises and condemns the crimes committed in Srebrenica in 1995 by Bosnian Serbs, opening a more ambitious and difficult road: that to reconciliation. In Sarajevo, the Serbian foreign minister agreed to sit down at the same table with his Kosovan counterpart for four hours, and listened to his speech with everyone else.

This called for some deft diplomatic manoeuvring. National flags and names of Balkan countries were removed from tabletop place cards but a similar gathering, organised by Slovenia in Brdo two months ago, failed, so Spain’s success in simply getting the two to meet is undeniable. Two years after Kosovo’s declaration of independence, the EU presidency has given Spain an exceptional opportunity to adopt a more balanced and constructive position between the two parties and contribute to stability in the region.

For those who see the glass half empty, however, the situation is not nearly so good. Many political leaders in the region are still stuck in the short-term and refuse to put the past behind them. In Bosnia, the country is still seized up by a dysfunctional system of government that demands the consensus of the three ethnic communities, each with its own president, before anything gets done. Bosnia has no constitution in the strict sense, only a peace agreement signed in a US military base (Dayton).

Problems also affect Serbia, a country that would be much higher up the EU membership queue if its leaders were more open with its citizens about Kosovan independence; Albania, where politicians show themselves incapable of handing over power in an orderly fashion; and Kosovo, where the government refuses to understand that corruption and poor governance completely undermine its precarious international legitimacy. The message is the same from all the European representatives: Europe can help and facilitate, but it cannot replace local leadership.

A fully integrated Europe, which seemed within reach after the fall of the Berlin Wall in 1989, fell apart in the Balkans. Many mistakes were made and continue to be made: all of them, ultimately, the responsibility of those who in the past sacrificed their future to satisfy their ethnic instincts, and now sacrifice their European future for short-term electoral gains. The EU has spent ten years reaffirming the Balkans’ European future and encouraging reforms, but at the current rate of progress it is difficult to imagine these countries joining the EU by 2020, as many hope.

My metaphor of a glass half full or half empty has been criticised before. “Typical of the political theorist,” one critic told me. “I am an engineer and I see it clearly: their problem is that the glass is too big.” It is a thought the Balkan leaders should bear in mind: many people think they are not capable of filling the European glass simply because it is too big for them. [email protected]  

This article was published in El Pais English edition on 11 June 2010.

(English translation)

Vasos medio llenos

Regreso de un intenso viaje a Sarajevo, donde se ha celebrado la
reunión de los ministros de Asuntos Exteriores de la UE y los países de
los Balcanes organizada por la presidencia española de la Unión Europea.

Para
los que ven el vaso medio lleno, los últimos seis meses han sido los
mejores que ha vivido la región en los últimos 20 años. Aunque las
puertas de Europa no se han abierto completamente, la supresión de
visados con Macedonia, Serbia y Montenegro, a los que se sumarán
próximamente Bosnia, Albania y, eventualmente, Kosovo, ha sido como
abrir las ventanas a Europa y permitir que entren nuevos aires.

A
un lado, Croacia está a punto de concluir las negociaciones de adhesión
a la UE, lo que será una señal importante para toda la región, ya que
desmentirá que la UE, “fatigada” por las sucesivas ampliaciones, no
está dispuesta a cumplir con los compromisos adquiridos hace ahora 10
años. Al otro, existen esperanzas de que serbios y kosovares puedan
comenzar pronto unas conversaciones directas tendentes a normalizar las
relaciones entre sus dos países y hacer más fácil la vida de sus
ciudadanos. A juzgar por el nulo número de incidentes de violencia
interétnica, la normalización parece estar abriéndose camino.

La
reciente aprobación por parte del Parlamento serbio de una resolución
donde se reconocen y condenan los horribles crímenes cometidos en
Srebrenica en 1995 por las milicias serbias ha abierto un camino
todavía más ambicioso y no menos difícil: el de la reconciliación. Pero
hay más: en Sarajevo, el ministro de Exteriores serbio ha aceptado
sentarse en la misma mesa que su colega kosovar durante cuatro horas y
escuchar su intervención como todos los demás.

Para ello han sido
necesarios malabarismos diplomáticos, como quitar todas las banderas de
los países de los Balcanes o eliminar de los visores de la mesa los
nombres de los países para que constaran solo los nombres de los
ministros y no sus Estados de procedencia, pero lo importante se ha
logrado. Un ejercicio similar, organizado por Eslovenia en Brdo hace
dos meses, fracasó, así que el mérito de España es innegable. Dos años
después de la declaración de independencia de Kosovo, la presidencia de
la UE ha proporcionado a España una inmejorable oportunidad para
adoptar una posición más equilibrada y constructiva entre ambas partes
y rehacer su imagen como un actor que puede contribuir a la estabilidad
en la región.

Para los que ven el vaso medio vacío, sin embargo,
la situación no es ni mucho menos tan buena. Muchos líderes políticos
de la región siguen instalados en el corto plazo y en la negativa a
dejar el pasado atrás. En Bosnia, el país sigue bloqueado por un
sistema de Gobierno completamente disfuncional que exige el consenso de
las tres comunidades, cada una con su presidencia, para aprobar hasta
el último acuerdo. Se trata de un país que no tiene una Constitución en
sentido estricto, sino un acuerdo de paz firmado en una base militar
estadounidense (Dayton) que claramente hay que superar. Lo mismo puede
decirse de Serbia, un país que sería el primero en entrar en la UE si
los líderes se atrevieran a confesar a sus ciudadanos que la
independencia de Kosovo es irreversible; de Albania, donde la clase
política se muestra incapaz de alternarse ordenadamente en el poder; o
del propio Kosovo, donde el Gobierno se niega a entender que la
corrupción y el mal gobierno socavan por completo su precaria
legitimidad internacional. En todos los discursos europeos se repite el
mismo mensaje: la Unión Europea puede ayudar y facilitar, pero no puede
sustituir la voluntad de los líderes.

El proyecto europeo, que
prometía realizarse de forma completa y pacífica después de la caída
del muro en 1989, se torció en los Balcanes, donde se cometieron y se
siguen cometiendo muchos errores, pero todo ellos son, en último
extremo, responsabilidad de aquellos que entonces sacrificaron su
futuro a la satisfacción de sus instintos étnicos y que ahora
sacrifican su futuro europeo en juegos de corto plazo electoral. La UE
lleva 10 años reafirmando la perspectiva europea de los Balcanes y
animando las reformas, pero al ritmo actual es difícil pensar que 2020
marque, como muchos desearían, la fecha de adhesión a la UE.

En
una ocasión, una persona que asistía a una conferencia mía protestó en
su intervención porque yo había usado la metáfora del vaso medio lleno
o medio vacío. “Típico de ustedes los politólogos”, me dijo. “Yo soy
ingeniero y lo tengo claro: su problema es que el vaso es demasiado
grande”. Es una reflexión que los líderes de los Balcanes deberían
tener en cuenta: mucha gente piensa de ellos que no son capaces de
llenar el vaso europeo sencillamente porque les viene demasiado grande.

Este artículo fue publicado en El País el 7 de junio de 2010.

The European Council on Foreign Relations does not take collective positions. ECFR publications only represent the views of its individual authors.

Author

Head, ECFR Madrid
Senior Policy Fellow